Desde el allanamiento del FBI a la prensa en EE. UU. hasta el asedio legal del CPI en Puerto Rico, los gobiernos de Trump y González revelan su verdadera naturaleza: el autoritarismo que silencia la verdad. (Español e inglés)
La persecución a la prensa libre ha
perdido el pudor. Aunque se proclamen paladines de la democracia, los gobiernos
de Estados Unidos y Puerto Rico operan bajo una premisa idéntica: el periodismo
es el enemigo. Actúan con el pulso de regímenes totalitarios, pisoteando la
Constitución y el derecho fundamental a la libertad de expresión que juraron
defender.
La señal más grave nos llega desde el
norte. El FBI, bajo
instrucciones del Pentágono, allanó la residencia
de la periodista Hannah Natanson, de The
Washington Post. La fiscal general Pam Bondi lo confirmó sin titubeos: el
Estado va tras las filtraciones. Este asalto al domicilio de una reportera no
es un trámite judicial ordinario; es una declaración de guerra dirigida a
intimidar a cualquier periodista que se atreva a exponer los secretos del poder
federal.
Acá en Puerto Rico el libreto es igual de siniestro. El gobierno acaba de tildar de "frivolidad" la labor del Centro de Periodismo Investigativo (CPI), solicitando sanciones contra el medio. ¿Su pecado? Cuestionar el filtro selectivo de la Fortaleza, que exige carnés específicos para controlar quién ellos consideran es periodista y quien entra y quién no a las ruedas de prensa.
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