El control del Estrecho de Ormuz y el desplome de los precios del crudo marcan el respiro diplomático ante la amenaza de una guerra global.
En lo que se describe como un giro diplomático
de último minuto, el mundo respira con un alivio cauteloso tras el anuncio anoche
de un alto al fuego que durará de dos semanas entre Estados Unidos-Israel e
Irán. El acuerdo, alcanzado apenas 90 minutos antes de que expirara el
ultimátum del presidente Donald Trump —quien había amenazado con la destrucción
total de la civilización iraní—, pone freno temporal a una escalada que
amenazaba con convertirse en una Tercera Guerra Mundial.
Aunque la retórica de la Casa Blanca intenta
proyectar una posición de fuerza, analistas internacionales y la propia
televisión estatal de Irán coinciden en calificar la decisión como una
capitulación de Washington. El acuerdo se basa en un plan de diez puntos
propuesto originalmente por Teherán, el cual Trump había rechazado
anteriormente por considerarlo "inaceptable".
La resolución de este conflicto no fue un esfuerzo solitario de Occidente. El papel de Pakistán como mediador principal y la intervención de última hora de China fueron determinantes para sentar a las partes a la mesa. Este nuevo eje geopolítico subraya un cambio de paradigma donde Asia ejerce una influencia decisiva sobre las decisiones de Washington.





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