Ángel Vázquez encarna con virtuosismo al poeta nacional Juan Antonio Corretjer en una función inolvidable que convocó a la historia y a la patria en Caguas.
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| Ángel Vázquez en Corretjer: Un boricua en la luna (con los pies en la tierra) |
Hay momentos en que el teatro deja de ser mera
representación para convertirse en un altar vivo de la memoria histórica. Eso
fue exactamente lo que se vivió en el Teatro Luis M. Arcelay de Caguas anoche, durante
la presentación del monólogo Corretjer:
Un boricua en la luna (con los pies en la patria). Se trato de una pieza
concebida e interpretada por el talentosísimo Ángel Vázquez y llevada a escena
bajo la certera y sensible dirección de Julio Ramos, en el marco del XLVII Festival
de Teatro Daniel Lugo que organiza el Municipio de Caguas.
Vázquez, reconocido por producciones emblemáticas como
Hecho
en PueLto Rico y The
Other Side Story, es el prototipo del teatrista integral; un artista
cuyo talento rebasa los límites de la actuación convencional para convertirse
en un verdadero arquitecto de la escena. En esta pieza, no solo firma una
dramaturgia exquisita y pulida, sino que asume de principio a fin el desarrollo
conceptual del espectáculo. Con una precisión admirable, integra componentes
audiovisuales de alto contenido histórico y secuencias musicales que amplifican
la emoción de cada texto, transformando la memoria en una experiencia sensorial
inmersiva.
Sobre el escenario, su entrega roza lo extraordinario.
Vázquez transita con fluidez asombrosa entre la pasión enardecida del líder
político, la ternura infinita del amante y la soltura del narrador
contemporáneo. Habita en un Juan Antonio Corretjer con matices profundos:
actúa, canta, baila y quiebra la voz en llanto, pasando del rigor histórico al
virtuosismo interpretativo. No solo encarnó al poeta; invocó su alma, su lírica
combativa y el hilo invisible de amor absoluto que lo unió a su compañera de
vida, Consuelo Lee Tapia.
Uno de los puntos más conmovedores de la obra fue la evocación del compromiso patriótico a través de la poesía dedicada a las mujeres en prisión política. La pieza vibró al recordar cómo Corretjer inmortalizó las luchas de distintas generaciones como las hermanas Alicia y Lucy Rodríguez, encarceladas en Estados Unidos en 1980.
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