Entre la herencia de los grandes
maestros como Manny Suárez y el asedio de la censura moderna, la búsqueda de la verdad se libra
hoy en un campo de batalla global
Por Sandra D. Rodríguez Cotto
Hace exactamente una semana, es decir, el pasado domingo,
3 de mayo, se conmemoró el Día Internacional de la Libertad de Prensa. Con
tanta noticia local e internacional, ese tema pasó inadvertido. Yo sí lo
mencioné en mi programa de radio durante la semana, pero hoy, cuando regreso de
celebrar el Día de las Madres, reflexiono sobre mi vocación de vida que es el
periodismo.
Soy periodista de sangre, como me decía uno de mis
mentores, el periodista Manny Suárez. El sí era de esos “de sangre”, no
porque le gustara escribir crónicas rojas sobre crímenes o desastres. Me
refiero a que era de esos a quienes por su sangre corría ese deseo, casi
obsesión, por buscar la verdad. Es una vocación real. O naces con ese deseo o
te conviertes en uno del montón, de esos que sólo leen titulares o reportan los
hechos sin cuestionar. De ese montón hay muchos famosos y ricos, pero no
necesariamente con vocación. Ni ética.
El punto es que Manny era de esos que llevaban el
periodismo en la sangre. Él y Tomás Stella investigaron paciente y
persistentemente hasta revelar lo que de verdad pasó en el Cerro Maravilla un
25 de julio de 1978. Por dos años estuvieron publicando en el desaparecido The San
Juan Star, desafiando la “versión oficial” del gobierno de Carlos Romero
Barceló, de que en esa montaña hubo enfrentamiento armado cuando en realidad se
encubría un crimen de Estado.
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| El extraordinario periodista, mentor y ser humano Manny Suárez. |