Gabriela Nicole, Anthonieska y el caso de Yadiel de la semana pasada, nos demuestran el país que somos y cómo dejamos caer a nuestros jóvenes
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| Anthonieska Avilés Cabrera (izquierda) se declaró culpable de asesinar a Gabriela Nicole Pratts Rosario |
Hoy Anthonieska Avilés Cabrera se declaró culpable. No
hubo veredicto de jurado con sentencia, no hubo semanas de testimonios como en
el juicio de su madre. Hubo un acuerdo con el Ministerio Público que
reclasificó el cargo de asesinato en primer grado —que conllevaba hasta 99 años
de cárcel — a uno de segundo grado, con una condena de 38 años, seis meses y un
día.
Su madre, Elvia
Cabrera Rivera, había sido condenada la semana pasada a 102 años tras un
juicio que duró 23 días. Dos sentencias, dos números, y ninguna le devuelve la
vida a Gabriela Nicole Pratts Rosario, la adolescente de 16 años apuñalada 11
veces en Aibonito en agosto de 2025. Este caso de Gabriela, como he dicho desde
el primer momento, me desgarra
el alma y me hace difícil distanciarme como periodista por la dureza de la
tragedia, como quiera que se vea. No solo Gabriela, sino ahora Anthonieska.
Lo digo sin rodeos: ninguna sentencia
"resarce" nada. Resarcir implica reparar un daño, y no hay pena —sea
de 38 o de 138 años— que le devuelva a una madre su hija.
Lo que sí hace el sistema de justicia es procesar responsabilidad penal, que es bien distinto a sanar lo irreparable. Y cuando ese proceso termina en un pacto negociado en lugar de un juicio pleno, queda también la sensación —justa o no— de que la justicia se mide en meses de litigio evitados, no en la magnitud del daño causado. Y en este caso, el daño incluye la amplia discusión pública y el interés real en la noticia.
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