Periodista independiente en Puerto Rico

Sunday, March 29, 2026

Domingo de Ramos

"Entre el 'Hosanna' del poder y el silencio ante la injusticia, el Domingo de Ramos nos confronta con la fragilidad de nuestras propias convicciones como pueblo

Publicado en Substack

Hoy reflexiono sobre dónde estamos. Venimos de una semana en la que todo Puerto Rico vio que la prioridad del poder no es el bienestar colectivo, sino el lucro político y personal. La urgencia no es resolver cómo cuidar a nuestros ancianos para evitar que mueran en el abandono, ni cómo apoyar a las madres trabajadoras; la urgencia parece ser cómo beneficiar a las empresas de cabildeo vinculadas al gobierno de turno.

Mientras las necesidades básicas de la población quedan en segundo plano, la agenda pública se ve secuestrada por intereses particulares y el tráfico de influencias dentro del aparato gubernamental.

Entonces llegó el fin de semana, marcado por una "casi-censura" en los medios masivos que intentaron minimizar la movilización contra el proyecto Esencia en Cabo Rojo. No pudieron.

La indignación ciudadana ante el desplazamiento, la crisis de vivienda y la venta del país a multimillonarios movilizó a miles en San Juan. Fue un acto de resistencia atípico en tiempos donde la gente ya no se congrega así; solo el hartazgo profundo y la indignación real, logran esa unidad.

Para intentar mitigar el efecto de esa marcha, el sector oficialista —en el gobierno y los medios corporativos— desvió la atención hacia polémicas simbólicas. Les ofendió más el himno revolucionario que cantó RaiNao en un juego de baloncesto que la destrucción ambiental propuesta en Cabo Rojo. Los ofende más una canción histórica que la ola de asesinatos de este fin de semana o los cientos de miles de compatriotas sin agua. Se rasgan las vestiduras por una letra, pero guardan un silencio cómplice ante el desmantelamiento de la Universidad de Puerto Rico.

Entonces hoy es Domingo de Ramos y me pregunto: ¿Cómo llegaremos a la resurrección si, como pueblo, parecemos vivir en una cruz perenne alimentada por la corrupción y la politiquería?

Esta fecha marca el inicio de la semana más sagrada del año cristiano. Es el momento en que Jesús entra en Jerusalén y las multitudes agitan palmas clamando "¡Hosanna!", que en nuestro lenguaje actual sería un "¡Qué viva el Salvador!". Lo recibieron como a un rey, y sin embargo, muchas de esas mismas voces clamarían poco después: "¡Crucifíquenlo!". Ese contraste nos recuerda la alarmante facilidad con la que cambia el corazón humano cuando el compromiso es superficial.

San Agustín de Hipona decía que la multitud honraba a Cristo con los labios, pero no con la vida. Esto nos desafía a preguntarnos: ¿somos fieles solo cuando es cómodo, o permanecemos firmes cuando el seguimiento requiere sacrificio? ¿Seguimos su ejemplo de justicia o es solo una pose de "boca para afuera"?

San Bernardo de Claraval describía este día como el encuentro de dos procesiones: la gozosa de las palmas y la dolorosa hacia la cruz. Jesús acepta ambas porque su reinado no se trata de poder, sino de amor humilde. Asimismo, San Juan Crisóstomo enseñaba que Cristo entró sobre un burro para demostrar que su reino no se construye sobre la gloria terrenal. La verdadera victoria nace de la entrega y la obediencia a la verdad.

Por eso reflexiono que el Domingo de Ramos nos invita a caminar con Jesús. Quienes fueron hoy a misa sostuvieron palmas en celebración, pero también en señal de que aceptan el camino hacia el Calvario. Yo no fui a la iglesia hoy; mi ritual ha sido el silencio y el encierro. A veces, la fe no se vive en el banco de una parroquia, sino en la soledad de la conciencia, procesando el dolor de lo que vemos afuera. Mi "misa" ha sido observar las heridas de mi país y tratar de entender cómo cargar con ellas sin perder la esperanza.

Después de todo, las monjas que me educaron me decían que los santos nos recuerdan que seguir a Cristo es más que un aplauso momentáneo; es permanecer con Él —y con los que sufren— frente a la cruz.

Al entrar en esta Semana Santa, recibamos a Jesús no solo con palabras, sino con corazones transformados y dispuestos a la acción. Que caminemos fielmente, desde el gozo del "Hosanna" hasta la esperanza real de una resurrección para nuestro pueblo.

 

 

 

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