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Thursday, March 14, 2024

Sube a escena un clásico imprescindible: Los soles truncos

Las tres primerísimas actrices Idalia Pérez Garay, Alba Nydia Díaz y Sonia Valentín encarnan a las hermanas de la obra magna René Marqués, ahora dirigida por Mariana Quiles.

Sonia Valentín, Idalia Pérez Garay y Alba Nyida Díaz (Suministrada)

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Es una de las piezas más importantes de la dramaturgia puertorriqueña. Un clásico que se lee en la escuela superior, pero que casi sin darnos cuenta, es un reflejo de la realidad de la vida puertorriqueña del siglo 21, donde todo se repite constantemente, como si fuera un eco del pasado. La obra es como un espejo de un país donde el paso del tiempo dice que las cosas cambian, pero la esencia siempre es inmóvil. Se trata de Los Soles Truncos, una de las obras magnas del dramaturgo Rene Marqués, que sube a escena este fin de semana en el Centro de Bellas Artes.

Es imprescindible verla. No sólo porque se trata de uno de los clásicos de nuestra literatura y vida como pueblo. Los Soles Truncos siempre es un referente, y bien podría calificarse como parte de los orígenes del teatro puertorriqueño. Pero esta vez es mucho más que el texto. Se trata de quiénes encarnan a los personajes de esas tres hermanas Burkhart y cómo le dan vida a esa pelea con el inexorable paso del tiempo, los cambios socioeconómicos y el innegable deseo de mantener el pasado vivo.

No todos los días se enfrentan en un mismo escenario tres de las más importantes artistas del país y esto se logra en esa puesta en escena de Producciones Aragua y Florentino Rodríguez. Es un logro significativo unir en un mismo escenario a las primerísimas actrices Idalia Pérez Garay, a Alba Nydia Díaz y a Sonia Valentín. Esas tres grandes de las tablas, por sí solas, son razón de peso para ir a ver esta obra. Completa el elenco el actor Jonathan Cardenales. Pero como si fuera poco, esta ocasión trae a una de las más innovadores directoras jóvenes, Mariana Quiles, quien le da una nueva visión a esta legendaria pieza.

 


La dirección de Quiles nos pone ante una realidad con la que Marqués construye el sujeto femenino y su relación con el patriarcado. Saca a flore la transfiguración discursiva de los márgenes y las fronteras en esa sociedad patriarcal, anquilosada y opresora, donde el omnipresente patriarcado representa una realidad innegable que toca las fronteras sociales, económicas y hasta políticas en la vida de los y las puertorriqueños de antes y de ahora.

Ella propone con la obra hacer visible aquello que buscan hacer invisible. No es tarea fácil porque esta obra ha sido presentada innumerables veces desde que se estrenó en el 1957 bajo la dirección de Victoria Espinoza. Distintos directores han explorado formas de adaptar la historia, aportado en su paso al desarrollo del teatro nacional.

Los mejores directores puertorriqueños se han sumergido en el mundo “marquesiano” llevando a cabo puestas escénicas hermosas, geniales, serias, anacrónicas, fieles al texto, realistas, expresionistas, no tan fieles al texto, según narra la directora.

“Un nuevo montaje de ésta tan estudiada y representada producción, siempre es necesaria. Pero con una nueva interpretación, desde otro lente, desde la conciencia, la reflexión, el estudio y la crítica acorde a los tiempos. Ahí está el gran reto de este montaje”, reconoce su directora Quiles.

La obra se basa en la vida de las hermanas Buckhart – Inés, Hortensia y Emilia – que viven en una casa en la calle del Cristo del Viejo San Juan, junto con sus recuerdos, en el cambio de siglo XIX a XX., durante la Guerra Hispanoamericana, que dio paso a la invasión norteamericana.

La acción dramática dura aproximadamente 12 horas y se le muestra al público la situación social y económica que han vivido estas hermanas hasta el presente decadente, roto y abandonado en el que se encuentran. El punto culminante de la trama escénica es cuando llegan a embargar su casa. Llega al clímax el desenlace trágico y heroico, donde el fuego es el símbolo y arma para liberarse de todo, expirar sus culpas, destruir sus problemas económicos, morales y existenciales. 

Para la directora, esta obra presenta el símbolo de resistencia al cambio. Ese ese apego a lo que nos da pertenencia, sentido y razón de ser en el mundo.

“Estos tres personajes se oponen a ello desde diferentes visiones, y físicamente lo expresan encerrándose en esa casa, deteniendo el paso del tiempo, alejadas de lo que ocurre afuera, apoyándose entre las tres, pero también, empujándose y chocando unas contra otras”, expresa Quiles en su propuesta.

La imagen de la muerte representada en su padre fallecido y en Hortensia están siempre presentes y pareciera que es lo que les ha puesto un freno para seguir adelante. El máximo sueño de ellas es regresar a ese pasado glorioso y burgués que una vez vivieron y que lo recuerdan y reviven constantemente.

“Esa antigua casona en decadencia es el sitio que usan para escapar y protegerse del tedioso ahora. Un mundo muy similar a nuestra actualidad, colonizado, que va arrasando con lo que fue una maravillosa casa, una gran familia, un gran país. Las tres hermanas se han quedado solteras, están cansadas y anhelan ese pasado que ya no está, del que solo quedan pedazos, cristales, paginas rotas y polvo”, expresa Quiles.

“En esta obra vemos como estas tres hermanas se aman profundamente, demostrando que una no puede vivir sin la otra, un triángulo perfecto e imperfecto a la vez. Se hablan entre sí, chocan unas con las otras, reflexionan y se torturan por el pasado y su actual existencia en este mundo que ha cambiado y donde no hay cabida para ellas. Un mundo que no reconocen fuera de esas 4 paredes. Un mundo que las ha hecho invisibles, que las quiere borrar”, agregó Quiles.

Las tres hermanas son los tres soles truncos, donde podemos observar una fuerza masculina que las amarra a esa casa y a ellas mismas, cansadas, marchitas, rotas y que a las tres les falta la mitad para llegar a ser completas y vencer el mundo cambiante, incluso poder igualarse al varón. La mitad las llevaría a dejar de ser truncas y convertirse en soles. Sin embargo, desde esa  trunquedad, desde esa mutilación, desde lo incompleto defienden su casa, que para la directora es sinónimo de la patria, resisten.

Esta invisibilidad femenina producida por el cambio, las lleva al sacrificio, las lleva a morir por los demás. Bien define la directora que son como Puerto Rico, que en la invasión de los Estados Unidos que les cortó el cordón umbilical de la madre patria España. Ante el intento de borrarlas, invisibilizarlas, de no poder manejar esa exclusión que trajo consigo el cambio y su lucha entre ellas mismas, se autoinmolan. La muerte se convierte en triunfo y sacrificio, en su liberación, según la directora.

“Llevar a escena un texto como “Los Soles Truncos” en pleno siglo XXI tiene, además, otras complicaciones y se deberán tomar decisiones que no siempre son las mejores durante el proceso creativo”, admite Quiles.

Lo primero, sostuvo, es identificar cómo ayudar a reforzar el conflicto que tienen las hermanas entre sí, que se aman y aman al mismo hombre “El Alferez”. El segundo es la presencia constante de “Hortensia” “viva” en la memoria de sus hermanas, pero muerta, como símbolo de la existencia y la no existencia de las tres en ese mundo externo, nuevo, cambiante y excluyente. La presencia del “Pater” y la moralidad de la época simbolizada tanto en Hortensia como en Inés, ese papa Buckhart que aún habita la casa.

Y finalmente la Casa, el único lugar de protección y a la vez de castigo, donde pueden crear su mundo de fantasía. Pero una fantasía quebrada, cansada, rota, por donde se comienza a colar el tiempo y el cambio. Que solo quemándola detendrán este círculo constante de borrar lo que los precede, de borrar eso que impide imponerse por sobre todos. Quemándola, serán libres, dice Quiles.

Su descripción de la pieza nos tiene que poner a imaginar las líneas que diría una Idalia Pérez Garay a una Alba Nydia Díaz, quienes son dos de esas actrices tan y tan grandes de nuestras tablas, tan espléndidas en su arte, que es imposible pensar que no será magnífica esta puesta en escena. Pero queda la tercera, la polifacética Sonia Valentín, a quien el público suele reconocerla más por su habilidad en la producción televisiva y olvidan su trayectoria actoral tan excelente. Por eso insisto, esta obra hay que verla.

“O sea, en 1957 fue escrita esta pieza y todavía en otro siglo, en el 2024, sigue igual. Creo que es momento de quemar nuestra casa y detener todo aquello que nos quiere borrar del tiempo, de la historia y de nosotros mismos… Es tiempo ya. Purificación”, clama la directora de la pieza.

El honor, la dignidad, la desolación, la óptica transversal totalmente femenina de nuestra realidad en ese pasado-presente en que vivimos, es un lujo que nadie se puede perder.

La obra inicia hoy, 15 de marzo, en el Centro de Bellas Artes de Santurce. También se presentará el 20 de abril en el Teatro América de Vega Baja, el 27 de abril en el Teatro de Hatillo y el 25 de mayo en el Teatro Ideal de Yauco.

Los boletos de Los Soles Truncos están disponibles en Ticketcenter y en la boletería del Centro de Bellas Artes, llamando al 787-792-5000 y 787-620-4444 respectivamente. Para información de las funciones estudiantiles los interesados pueden comunicarse con Nereida Acevedo al 787-449-4444.

 

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