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Wednesday, February 27, 2013

Cuba y Puerto Rico

Cuba, tan distinto y tan igual a Puerto Rico.  Dos islas hermosas, anquilosadas en el tiempo, víctimas de sistemas políticos y modelos de gobierno que no funcionan, o que ya dieron lo que iban a dar.
Hace unos días el octogenario presidente cubano Raúl Castro anunció que este será su último mandato por cinco años y que el próximo en sucesión será el vicepresidente Miguel Díaz Canel, de 52 años, y quien no es del grupo que vivió la Revolución del 1959. Con este anuncio se pone fin a la era de los hermanos Castro que inició la ya mítica figura de Fidel, quien precisamente reapareció en el Parlamento para presenciar el anuncio de su hermano. Son cambios políticos grandes en los que se transfiere el poder a una nueva generación, pero mientras tanto, el pueblo sigue igual, con las mismas necesidades, miseria y limitación de derechos civiles.
Acá que en Puerto Rico, el Gobernador Alejandro García Padilla aún no ha cumplido los primeros 100 días de su mandato y ya se sabe que la economía del país está al borde del colapso. No hay una transición generacional porque hubo cambio de gobierno, pero estamos igual o peores que con la pasada administración. La economía no se mueve, los cascos urbanos parecen pueblos fantasmas, y se ven anuncios de “se vende” por doquier. Los legisladores amarrados a sus dietas tuvieron que ceder ante la presión pública, pero volvieron al legislador-ciudadano para poder trabajar “part-time”; el Banco Gubernamental de Fomento anuncia que las pensiones de los empleados públicos no dan; se anuncian aumentos en los servicios básicos al pueblo y la gente se opone a que el Gobernador ahora le regale por 40 años el aeropuerto a los mexicanos con las condiciones actuales del contrato.  Mientras tanto, el pueblo sigue sufriendo. La clase media cada vez más pequeña, vive asfixiada con la economía y se debate si van del país a buscar trabajo o si siguen decidiendo entre pagar la luz, el agua, la hipoteca o las medicinas.
Muchos no lo aceptan, pero son innegables los paralelismos en la realidad actual de Cuba y Puerto Rico. Más allá de la historia común que nos une, una tiene que mirar con detenimiento los sistemas políticos y ver el día a día de la gente para darse cuenta de que no somos tan distintos, y que tanto allá como acá el pueblo vive precariedades, pobreza, limitaciones y que al pueblo los mueven cual títeres, por los hilos ocultos del poder político.

Monday, February 25, 2013

Tierra de armas contra almas

Puerto Rico es una tierra de armas. De armas de destrucción que están disponibles para fulminar almas. Sí, las almas de cuanta víctima inocente se cruza en el camino de una de las balas, sea perdida o no. Las armas nos inundan las calles, las casas, los vehículos y las ocultan en los sitios en donde menos se imagina la gente, sea en vagones, cajas o hasta en los llamados ‘clavos’ dentro de autos.
 
Es que vivimos en un país donde las armas proliferan. Muchas legales pero muchas más, ilegales. Glocks, AK-47, AR-15 y cuanto nombre extraño existe, abundan. Y mientras en Estados Unidos el tema del control de las armas ocupa la discusión pública llevando al presidente Barack Obama a proponer una nueva política con leyes más restrictivas con el fin de evitar tragedias como la sucedida en la escuela de Connecticut, aquí poco se discute del tema.

Puerto Rico: un gueto de viejos

“Nuestra sociedad no está preparada para enfrentarse al reto… no se atiende a esta población y todo se orienta a los jóvenes”


Esta es la semana donde el mercado nos obliga a pensar en San Valentín. Hay que comprar chocolates, flores y enamorarse. Es la semana del amor y la amistad, pero yo pienso en los viejos.

Pienso en ellos porque Puerto Rico se está convirtiendo rápidamente en un gueto de viejos. Y de viejos pobres. Una pasa por las calles de urbanizaciones de clase media, y cada día ve más casas vacías o con letreros de “se vende”. Las habitadas tienen residentes que son en su mayoría ‘baby boomers’, esa generación de mayores de 60 años de edad. En los residenciales y barriadas, al igual que en los campos o en los cascos urbanos de los pueblos, también abundan los viejos, casi siempre marginados, solos y pobres.

Con mirar detenidamente nuestro alrededor, una puede pensar que el negocio del futuro en Puerto Rico será el de envío de valores. Los hijos que ahora se están marchando del País a trabajar, dejando acá a sus padres, les tendrán que enviar dinero para ayudarlos a sobrevivir como hacen los hijos de la República Dominicana y de tantos otros países en los que la economía, la política o la pobre calidad de vida los obliga a emigrar.

Thursday, February 7, 2013

Rosselló, los gays y la libertad

“La mayoría de los políticos evitaban tocar el tema, pero hoy poco a poco se atreven a hablar en la materia sustantiva que es la igualdad de derechos”

 
El lunes Pedro Rosselló salió del ‘clóset’. En sus explosivas declaraciones ante la prensa y ante las caras de sorpresa o que parecían decir “trágame tierra” de algunos de sus correligionarios, el exgobernador cambió de su postura tradicional y dijo que favorece los matrimonios entre personas del mismo sexo.
 
No solo son controversiales por lo que dijo en sí y por la oposición que han manifestado grupos religiosos y moralistas, sino porque le puso el cascabel al gato. Si Rosselló que fue tan conservador para tantos asuntos ahora dice esto, ¿qué tendrán que decir los demás? ¿Qué va a decir y hacer el gobernador Alejandro García Padilla y otros políticos ahora? ¿Darán el paso y aceptarán que esto es un movimiento irreversible que hasta incluso el presidente Barack Obama tuvo que aceptar? ¿Cuántos de los políticos locales saldrán del ‘clóset’ y dirán abiertamente que son homosexuales, lesbianas o bisexuales?
 
La relación entre los políticos boricuas y el tema gay siempre se oculta en los armarios hasta el momento en que salen fotos reveladoras o alguien amenaza con dar a conocer las intimidades. Pero el ‘political correctness establishment’ en Puerto Rico ha ido variando y aunque hasta tan cerca como las pasadas elecciones la mayoría de los políticos evitaban tocar el tema, hoy poco a poco se atreven a hablar en la materia sustantiva que es la igualdad de derechos.
 

Indeseables, pa’ fuera del País

“Hoy en Puerto Rico estamos ante una coyuntura parecida a la de esa época de Manos a la Obra”

 
Pa’fuera. Este es uno de esos temas que son políticamente incorrectos, rayando en lo inmoral, pero hay que hablarlos. Total, no es la primera vez que esto ha ocurrido en Puerto Rico y me consta que muchos economistas, ‘decision makers’, demógrafos y uno que otro político comentan tras bastidores que es hora de repetirlo, pero pocos se arriesgan a decirlo de frente por las implicaciones que esto podría tener. Me refiero a la idea de desarrollar una política pública para sacar del País a esos grupos de la sociedad que no aportan pero que sí quitan. Los indeseables por el Estado.
 
Sí, es terrible decirlo. De hecho, pienso que este tipo de propuesta es no solo arriesgada, sino vergonzosa porque demuestra la incapacidad del Estado de atender nuestros profundos problemas de desigualdad social. La pobreza extrema y la marginación en la que el sistema tiene sumido a tanta gente, siguen creciendo a pasos agigantados en la medida en que la economía empeora, y así vemos como se achica la clase media y crece la pobre.
 
Y ¿quién determina qué es o no indeseable? Si por mí fuera sacaría a patadas, como dijo el exsecretario de la gobernación, Marcos Rodríguez Ema, al montón de políticos inescrupulosos, arrogantes y corruptos que abundan y que dicen sandeces clasistas como esa. Sacaría a los pillos, a los maltratantes de niños y mujeres, a los violadores, a los narcotraficantes, a los racistas, a los que destruyen y venden poco a poco el País, a los ricos que poco le importa el dolor ajeno y a los que nada aportan a mejorar la calidad de vida. En mi opinión, esos sí son los indeseables.
 
Sin embargo, la realidad es otra. Se quedan los que viven del Estado, sea por decisión propia o porque el mismo sistema los empuja a vivir en esas condiciones y se van los que producen. Las estadísticas nos dicen que no ha sido necesario establecer una política pública para bajar la población o controlar la natalidad y ya una buena parte de nuestra población productiva se está yendo. De hecho, se estima que más de 576 mil puertorriqueños han emigrado en la última década. Esto representa pérdidas para la economía y todo apunta a que seguirá empeorando porque hay menos gente que aporta al fisco y que trabaja, mientras que hay más población envejeciente y dependiente del Estado. La mayoría de esos que emigran son jóvenes profesionales que se van buscando trabajo y mejor calidad de vida.