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Monday, September 5, 2016

Corrupción: una realidad mediática

Imagen de pedripol

(Nota: Esta columna fue publicada en Noticel el 31 de agosto de 2016 - http://www.noticel.com/blog/194369/corrupcion-una-realidad-mediatica.html )


Si algo ha quedado claro esta semana es que la corruptela y los traqueteos que arropan al gobierno y a la política han percolado en los medios de comunicación. En los casi 20 años que llevo haciendo análisis crítico de los medios e identificando tendencias que señalaban lo que iba a suceder, nunca me hubiese imaginado lo que se ha vivido mediáticamente en Puerto Rico esta semana. El caso de Anaudi Hernández y la protesta frente a GRF validan que no estamos exentos a lo que pasa en otros países. La corrupción es ya una realidad mediática. Pero ?de qué tipo de corrupción se trata? Ese es otro cantar.

Veamos los hechos.  Un violento grupo de jóvenes, algunos socialistas, realizaron hace unos días una protesta contra la Junta de Control Fiscal y paralizaron las operaciones de GFR Media. Querían afectar así la distribución de los periódicos El Nuevo Día, Primera Hora e Índice, alegando que esos medios tienen una línea editorial vendida a favor de la Junta Fiscal, y en un hecho sin precedente en la historia de Puerto Rico, cerraron el paso a esa empresa sin importarles el derecho a la libertad de prensa.

Después, durante el explosivo testimonio Anaudi Hernández en la corte federal se dijo que el Comité de Finanzas del Partido Popular Democrático se reunió en Radio Isla, y entre los múltiples nombres que se dijeron, también se mencionó a Ferdinand Pérez, quien es analista en NotiUno y en el Canal 40 Sistema TV. Luego el senador penepé Thomas Rivera Schatz le increpó los contratos y vínculos del analista de WKAQ Univisión 580 y Wapa TV, Luis Pabón Roca, quien es socio en un bufete de abogados con Irvin Faccio, ex director de campaña del PPD, mencionado por Anaudi en un esquema piramidal para recaudar fondos.

Los  tres eventos – [el testimonio de Anaudi, la protesta frente a GFR y los comentarios de Rivera Schatz] – demuestran que los medios sufren un serio problema de imagen.  Auto-infligido, por cierto. Aquí se descorrió el velo y ya es evidente que la percepción general es negativa hacia los medios.

¿Qué impacto tiene todo esto en el consumidor? ¿Qué impacto tendrá en la manera en que se cubren las noticias políticas o en la actual contienda electoral? ¿Es cierto que hay personajes que se buscan espacios en los medios para lavarse la cara o lavarle la imagen a sus candidato o partidos? ¿Será cierto que algunos medios contratan personas para usarlos como instrumentos para conseguir contratos, favores o ser parte de pirámides? ¿Por qué esta situación se repite gobierno tras gobierno?  

La polarización política es parte innata en los medios. Total, la historia del periodismo en Puerto Rico siempre ha estado vinculada a la política. Casi todos los patriotas – desde Albizu Campos, hasta Muñoz Marín y José Celso Barbosa – fueron periodistas o crearon medios. Siempre ha sido así. De hecho, ha habido medios vinculados a ideologías políticas como lo fue el periódico El Reportero con los populares, Claridad que es independentista o el mismo El Nuevo Día que se fundó originalmente como se constata en su primer editorial para defender la estadidad, aunque con el tiempo han ido cambiando de posturas.

Pero una cosa es decir abiertamente las líneas editoriales y otra es pretender ocultarlo bajo mantos de balance y objetividad. Los medios que le venden su credibilidad a los buscones, también son parte del problema. ¿O es que acaso la reaparición de Lutgardo Acevedo no nos recuerda a todos los personajes mediáticos y periodistas que eran sus portavoces en anuncios y recibieron dinero suyo?

 En los Estados Unidos, algunos medios dicen abiertamente a qué candidato respaldan para la presidencia. Aquí, lo hacen de manera que pretende ser solapada, pero se ve a leguas. El problema con todo esto es que ya a nadie se le va a creer a los medios. Se seguirá minando la credibilidad mediática en la medida en que no digan sus nexos o endosos. El consumidor de medios migrará a aquellos medios generales, regionales o digitales que presenten la verdad, sin ataduras.

Precisamente por esa confusión general que existe sobre lo que son las líneas y posturas editoriales versus los intereses empresariales y la ética que debe regir a los periodistas, es que se abre el flanco para los ataques. Por esos ataques infundados en los que se mezcla el interés comercial con el trabajo periodístico cualquier se cree con el derecho a insultar o a criticar sin tener el conocimiento. 

Pero el peligro aquí es que la falta de credibilidad fomente la violencia. Por eso todos los ciudadanos de este país se deben sentir consternados y alarmados ante el tipo de protesta que se llevó a cabo frente a GFR Media. Ese grupo que protestó por intereses políticos o ideológicos demostró que son intransigentes, violentos y poco serios al negarle el derecho a otros trabajadores de esos medios a ganarse la vida de una manera honesta.

Cualquier ciudadano tiene el derecho y la posibilidad de expresarse en contra de la línea editorial de quien sea, pero otra cosa es atentar contra los trabajadores. Recordemos aquellas protestas contra Wapa-TV que provocaron la salida de Kobbo Santarrosa de su programa La Comay, que ampliamente analicé y por las cuales fui criticada por los sectores más fanáticos en la ideología fundamentalista gay. Pero de ahí a interferir con las operaciones de una empresa que están estrechamente vinculadas a las garantías constitucionales del derecho a la expresión, derecho a la impresión e incluso hasta la del derecho a la asociación, es otra cosa.   Que los manifestantes tenían derecho a manifestar, claro que sí. A lo que no tenían derecho era a tratar de impedir a una empresa a publicar lo que le salga del forro, con las consecuencias que ellos, como empresa comercial, habrá de asumir en ese proceso.

La libertad de expresión es una carretera de dos vías y se tiene que respetar ambos lados. Yo la defiendo aunque lo que esté en contra de lo que transmiten algunos medios. Eso es peor al totalitarismo.

Lo que pasa es que en Puerto Rico se han cruzado los linderos. El problema real es la eliminación sistemática de los periodistas  para ser usurpados por opinantes, como les llamo. Muchos de esos opinantes que casi siempre son abogados o ex políticos tienen serios conflictos éticos, pero acaparan los medios, especialmente en las radio, le niegan al público un balance en la cobertura y se prestan para  empujar sus agendas políticas, ideológicas o económicas. Si a eso se le añade la abundancia de gente que se hace llamar periodista pero son realmente personas compradas, o amigos de políticos, entonces tenemos la tormenta perfecta para la crisis mediática que hoy vivimos.

En el caso de Radio Isla, la gerencia de la emisora presidida por Eduardo Rivero emitió un comunicado de prensa negando tajantemente que se hubieran realizado reuniones para recaudar fondos para el PPD o para el entonces candidato a la gobernación Alejandro García Padilla. Esta información luego fue difundida en las presencia en Twitter de varios reporteros y analistas de la emisora. Si bien es cierto que Anaudi es un convicto y corrupto confeso, siempre queda la duda porque cuando menos, se sabe que al que mienta en un testimonio en pleno juicio, se expone al menos a cinco años de cárcel.

En el caso de Pérez que fue legislador del PPD y miembro de su junta de gobierno, hace unos meses el mismo anunció públicamente que se distanciaba de esos organismos para mantenerse como presentador de sus programas en radio y televisión. Sin embargo, queda la evidencia fehaciente de que en los medios hay otros personajes vinculados a la política y usan esos espacios para adelantar agendas de los dos partidos de mayoría.

Gran parte de la culpa en todo esto la tienen los empresarios mediáticos que han ido traicionando o subordinando el rol social de su medio a sus intereses mercantilistas. Por ese mercantilismo sacan a periodistas y ponen al que supuestamente atrae las masas o al que evita que le investiguen negocios, o al que es mingo del político, sin mediar otra consideración que no sea cuántos chavos se van a echar en el bolsillo. Atrás dejan  el compromiso y la responsabilidad social.

El que compromete su ética, no tiene nada más que buscar. A la larga, pierde. Sea periodista, sea comunicador, sea analista político o sea empresario mediático, todo el mundo sabe quién se vende y quien no.


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