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Friday, September 30, 2016

Tavin: eslabón en la muerte de la TV boricua


Tavin Pumarejo (Foto de Primera Hora)
(NOTA: Esta columna se publicó originalmente en NotiCel el 21 de octubre de 2016 - http://www.noticel.com/blog/195002/tavin-eslabon-en-la-muerte-de-la-tv.html ) 

En la cadena de la vida, la muerte suele ser es el eslabón más impactante. Y en el caso de la televisión boricua, el más reciente eslabón en esa irremediable cadena, fue el deceso la semana pasada del comediante y cantante de música típica, Tavin Pumarejo. Ironías de la vida que su partida coincidió con la celebración de la Semana de la Televisión Puertorriqueña, evento que ha pasado sin pena ni gloria.

Se celebra una semana pero podría decirse que ya no hay televisión local. Hay repetición, poca innovación y miedo a perder lo poco que queda. El resultado: mantener los mismos formatos de los años 60. Justo cuando el mercado global tiene sed de contenidos para llenar espacios en plataformas digitales o cuando se exporta exitosamente desde cualquier esquina del mundo a YouTube o a cable TV, la televisión local está en el lado “safe”. Inmóvil. Las audiencias están desesperadas por consumir cosas de aquí, que sean buenas, y los representen en este momento histórico, pero eso no se da. Se programa para el “bottom line” de ventas, sin importar si en un mes ese mismo producto deja de ser rentable.

Quizás por eso la muerte de Tavin Pumarejo caló tan profundamente entre la gente. Porque Tavin nos recuerda a nivel colectivo esa época de la inocencia. Es nostalgia ochentosa de los que crecimos con el Show de las 12, el Barrio 4 Calles o Diana Carolina, épocas en que aquí se producían programas de comedia y telenovelas. Cuando Iris Chacón todavía era reina, los niños veían al Tío Nobel, y las madres a Pedro Zervigón. También impactó a los más viejos, quienes se acordaban de Machuchal y de José Miguel Agrelot, y todas las películas en blanco y negro, y programas en los que Tavin salió en los 60 y 70.

Pero la televisión puertorriqueña se quedó atrás. Optó por convertirse en una lata asimilada a lo hispano. Ese rol unificador que tuvo por años la televisión en Puerto Rico, ese poder de representar una época y unos retos colectivos, desapareció. Agonizó por la dejadez. Murió aplastado por la falta de compromiso y visión a largo plazo. Por eso  cuando el Secretario de Estado Víctor Suárez entregó la proclama que establece la Vigésimooctava Semana de la Televisión en Puerto Rico del 18 al 24 de septiembre, en realidad lo que parecía era un funeral.

Con una Junta de Control Fiscal arriba y en el momento en que hay más puertorriqueños viviendo en la diáspora, habría que preguntarse, ¿nos representa nuestra televisión actual? ¿Qué recordarán de esta época nuestros hijos? ¿Habrá ese hilo conductor que tienen las generaciones anteriores? ¿O es que ya el equivalente de la Junta de Control Fiscal gobierna la industria de la TV?

Me niego a aceptar esa visión que predomina entre amplios sectores de la industria, porque la evidencia va en dirección contraria. La gente quiere consumir lo de aquí. Así como hay hambre por la verdad en las noticias, hay necesidad de producciones locales que retraten lo que somos.

Un ejemplo de esto es el fenómeno del comediante Raymond Arrieta. Su arraigo masivo obedece a que la logrado cristalizar la necesidad del público. Ha hecho una mezcla, un “blend” de generaciones. Ha sabido rodearse de gente brillante y de talentos como un Jorge Castro, un René Monclova, la chispa de Miguel Morales, y gente joven que logran ese sancocho televisivo que la gente apoya. Juega con esa nostalgia que evoca las viejas comedias como En Casa de  Juanma y Wiwi o los programas de Paquito Cordero y Elín Ortiz. Como ha habido un auge de lo “retro”, Raymond y su producción sabiamente han podido capturar esa necesidad como base, intercalando con los temas de la juventud. Por eso su “Debacle” tuvo tanto o más rating que los dos debates políticos que han pasado antes porque tiene la actualidad con buen libreto.

Hay otros ejemplos destacados en la televisión actual, especialmente en WIPR y Sistema TV, pero cada día son menos a nivel comercial porque las televisoras insisten en programar con novelas turcas o japonesas, o en la repetición constante de “estrenos” que pasan por decimoquinta vez y que en realidad son películas viejas de cine que ya HBO han quemado, o se conforman con lo más simple que no les cueste mucho en producción.

Productores locales como un Luisito Vigoreaux, una Gilda Santini o un Tony Mojena, que son los tres grandes que quedan, aún batallan para que los auspiciadores  los respalden. No se reinventan porque no los dejan. Creatividad hay, pero no evolucionan porque el momento de hacerlo que era cuando había presupuesto. Ahora que no hay chavos, no se atreven a arriesgarse por temor a perder lo poco que hay. Pero dejémonos de negación, capacidad tienen. Cuando a Tony Mojena le dan presupuesto produce los premios Billboards o un Latin Grammy para Telemundo mejor que cualquier productor que venga de los Estados Unidos o de cualquier país latino. Pero el reconocimiento a nivel local no está porque las cadenas sólo dan presupuesto a lo que genere ganancias instantáneas, no progresivas. Muchas veces el productor quiere arriesgarse, pero la gerencia en la estación no lo permite por el temor a perder dinero.

El problema es que mientras siguen produciendo así, no hay visión para exportar contenidos como hacen en otros mercados y no se potencia este negocio como una verdadera industria que atraiga capital y desarrollo económico que tanto se necesita.

Lo triste es que hay mercado y hay necesidad porque ahora mismo en todo el mundo se está buscando contenido. Netflix, Hulu, Time Warner y las cadenas globales están buscando temas para transmitir en celulares y tabletas, pero aquí y nos estamos quedando atrás.  Y el idioma ya no es excusa. En la televisión hispana en los Estados Unidos por ejemplo, la cadena Telemundo ajustó su programación para atraer una audiencia más exigente y el resultado es que por primera vez le está ganando en las encuestas a Univisión, como reportó lunes el periódico The Wall Street Journal. http://lat.wsj.com/articles/SB11157124996790804300704582322433405723496?tesla=y

Pero en Puerto Rico insisten en lo mismo. Parecería que mientras el consumidor está digital, todavía los ejecutivos y dueños de las televisoras aquí están análogos. Si Puerto Rico exportaba novelas y otros programas, ¿Por qué no se potencia ese modelo de negocios ahora? ¿Por qué y para qué entonces estamos celebrando la Semana de la Televisión?

Por otro lado, la crisis económica debería mover a los canales a producir mejor contenido porque muchas personas - especialmente los viejos - se han visto obligados a cortar el servicio de cable. Por eso consumen más televisión local, como lo confirmamos en este mismo espacio en marzo en una columna . En ese sentido, hay que analizar las tendencias. Los gustos de las audiencias están cambiando por tener un segundo televisor. Además, las televisoras secundarias tienen una oportunidad de mover sus programas y competir así mejor con los canales principales pero, por ahorrarse dinero, han bajado la potencia de sus transmisores y entonces la señal no penetra en todas partes y pierden audiencias.

Lo otro es que se necesita más arte y creatividad. Más cultura general. La televisión actual está siendo controlada por personas que sólo son inversionistas o técnicos y no necesariamente talento. El último intento conocido de esto fue Tommy Muñiz que supo combinar talento y negocios, por eso su contenido es referente cultural de generaciones. Esa diferencia en contenido es posible.

Esperamos que la televisión en Puerto Rico despierte, se actualice y se mire a si misma como un negocio con amplio potencial de exportación.  Si no se actualizan, como cantaría Tavin Pumajero, nos van a talar lo que queda de la finquita.

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