Pages

Wednesday, September 7, 2016

AGP: Mono sabe palo que trepa



(NOTA: Esta columna fue publicada originalmente en NotiCel el 7 de octubre de 2016 - http://www.noticel.com/blog/194559/agp-mono-sabe-palo-que-trepa-audio.html )



En un desesperado intento de desviar la atención del país de los nexos con Anaudi Hernández y el esquema que lo tienen temblando, el Gobernador Alejandro García Padilla sacó del clóset una verdad. Tiró al medio a periodistas y jefes de redacción que le piden favores y empleos, y que hasta ʺse molestanʺ si no acomodan a sus parientes en el gobierno. Como en el refrán pueblerino, mono sabe palo que trepa. Soltó la bomba pero no dijo los malditos nombres de los implicados porque su motivo es ulterior. Quiere que le quiten el guante de la cara a él y a su gobierno.

Él no es bruto. Torpe, pero bruto no es. Tiró esa bomba que tiene a los periodistas serios en brote pero a los que no lo son y a casi todos los empresarios mediáticos, bien calladitos. Lo hizo a rajatabla, y parecería torpemente, pero fue a propósito porque su intención es ponerlos a todos en un mismo bote. Pretende decir que los políticos y la prensa son iguales de corruptos. Quiere dar a entender que todo el mundo es parte del traqueteo, que tanto en el gobierno como en los medios el ser “pana de Anaudi” o del mismo gobernador y pedir favores a cambio, es un modus operandi.

Validó así lo que publicamos en este mismo espacio la semana pasada en la columna titulada “Corrupción: una realidad mediática”. El tema por fin salió a la luz pública, pero se le fue la mano, porque aunque para algunos se vio como una advertencia o amenaza solapada, para otros, parecía un llanto de un niño que quiere que lo dejen quieto.

El problema es que el gobernador no fue honesto. No dijo los nombres de esos que le piden favores y mancha así a mucha gente honesta que labora en los medios.  Algo así como cuando se dice que todos los políticos son corruptos, pero eso tampoco es cierto ya que hay muchos que son gente decente.

El gobernador lo que quería era despejar el ambiente para que no siguieran indagando sobre los nexos de su hermano Gerry o de su mano derecha, el Director de Asuntos Públicos, Jesús Manuel Ortiz. Llevaba varios días bajo fuego, y no le gustó que la prensa publicara el álbum de fotos de una de las muchas fiestas en la mansión de Anaudi.

Es que el tema de la fiestecita en la lujosa mansión enterró todo lo demás. Estuvo en boca de cuanto comentarista radial existe en AM y FM, fue la noticia de la semana en televisión. Opacó las protestas contra la Junta de Control Fiscal y hasta el debate a la gobernación. Inundó las redes sociales que además se colmaron de memes de García Padilla y Anaudi, su hermano y Anaudi, Jesús Manuel y Anaudi, Mari Tere González y Anaudi, Bhatia y Anaudi.

En fin, el tema era todo lo que se vincule al escándalo del amigo de todos los políticos populares  y también del PNP, porque el Anaudi y Lutgardo Acevedo tenían comprados a unos cuantos en el bando azul. Así que el Gobernador empleó las tácticas de manipulación para intentar jamaquear a la prensa y crear un ¨Chilling effect¨, para que se congelen y lo dejen quieto.

García Padilla sabía que los periodistas se quedarían callados. En la conferencia de prensa no preguntaron. Hubo silencio sobre el tema.  Sé de al menos un reportero allí en La Fortaleza que quería preguntar, pero no lo hizo porque sabe que cuando llegara a su medio, el jefe de redacción lo iba cuestionar o quizás no sacaba la noticia.

Lo preocupante en todo esto es el silencio de las empresas y dueños de medios. Esta semana será el Radio Show y que yo sepa, la Asociación de Radiodifusores no ha dicho nada en defensa de los reporteros, locutores y medios de noticias radiales que ahora son corruptos según el gobernador.  Los canales de televisión tampoco han dicho nada. Se unen para el cóctel de la Semana de la Televisión, pero no para exigir respeto a los reporteros, periodistas gráficos y editores en los telediarios y otros programas informativos a los que García Padilla incluye en su comentario. Ningún periódico, que haya leído hasta ahora, ha hecho un editorial denunciando al gobernador. No lo hacen porque la mayoría de las gerencias mediáticas son parte del problema.

Estas situaciones ocurren porque hay una autocensura en los medios corporativos. Las campañas políticas no acaban de arrancar y por ende, no hay dinero proveniente de anuncios de la propaganda electoral. Si a eso se une la crisis económica que mantiene bajas en la publicidad mediática (como hemos analizado a la saciedad en este blog), se da el escenario actual.

Los medios corporativos, como negocios que son, hacen proyecciones de ventas anuales basadas en data y en  experiencias anteriores. La mayoría de las corporaciones mediáticas aquí esperaba ganar lo mismo o quizás un poco más que el año pasado para esta época. Pensaban que nivelarían sus ventas de anuncios con las elecciones, pero no están llegando a sus metas.  Al no haber dinero corriendo, los medios se tornan más cautelosos. Hay temas que no quieren cubrir y que no tocan para que evitar calentarse con potenciales clientes o con los políticos que llegarán al poder en dos meses.

A la vez, mantienen a los periodistas callados, y muchos reporteros, por miedo a perder sus empleos, a veces claudican en su misión de fiscalizar. Y digo a veces, porque no siempre pasa así. Hay excepciones y hay excelentes periodistas, el problema es que cada día son menos. Cada día tienen menos respaldo en estos medios corporativos. Todo ese silencio repercute en la gente, que no se entera de las cosas.

Si a todo eso se añaden los mingos, realmente se ve el cuadro pésimo que tiene el consumidor de medios ante sí. Un ejemplo de esta práctica de amiguismos es lo bien que la prensa ha tratado a la mano derecha del Gobernador. Jesús Manuel Ortiz la ha tenido fácil porque es amigo de la gente en la prensa y porque ya no hay fiscalización. Si hubiera sido Rafael Cerame, Pedro Rosario Urdaz o Cecille Blondet los que estuvieran en campaña para ser legisladores, y en medio de eso les sacaran sus nexos en fotos con un corrupto como Anaudi, seguro que la prensa tendría un “field day”.

Pero esta práctica no es nueva. Cuentan los que saben que en los 60 y 70 había periodistas que tenían amistad con políticos, pero siempre se guardaban distancias. Esto fue cambiando en los 80 y a mediados de los 90. Con el pretexto de las fiestas en la Semana de la Prensa, fueron muchos los alcaldes y legisladores que intentaban comprar conciencias de reporteros. Pensaban los políticos que con las fiestas o los regalos conseguían el silencio. Algunos lo lograron con esos periodistas que solían irse a bailar con Jorge Santini y con Edison Misla en el restaurante Johnny’s de Hato Rey, o se iban a La Placita y se topaban con Aníbal Acevedo Vilá. Pero no todos caían en ese relajo.

La situación entre prensa seria y prensa corrupta se confundió porque había ciertos agentes de propaganda con el título de oficiales de prensa o relacionistas de políticos, que solían comprar conciencias y creían que todos eran iguales. Les molestaba – y aún les molesta porque algunos siguen laborando – cuando se topan con los periodistas éticos que no se prestaban ni antes ni ahora para esos juegos. Ahí vienen los ataques a la prensa seria o el cerrarle accesos a información. Una cosa es ser amigos o tener contactos con políticos que todo periodista los necesita, y otra es convertirse en mingos. Hay una gran diferencia.

Hoy, la situación es distinta. Casi no quedan reporteros en muchos medios y la tecnología obliga a los que trabajan, a hacerlo en condiciones francamente inhumanas, publicando en múltiples plataformas múltiples, pero con peores salarios que antes, casi ningún tiempo para investigar y la siempre latente posibilidad de quedarse sin trabajo si el medio cierra. Pero ahora, a pesar de las barbaridades que circulan, de la abundancia de trolls políticos y fanáticos fundamentalistas, las redes sociales han venido a nivelar el ambiente.

Aunque parezca que los que decimos la verdad somos una especie en peligro de extinción, siempre hay espacio. Ser libre tiene su precio. La consecuencia en los medios masivos es el pretender ningunearnos para que el estruendoso ruido que provoca ese intento de silenciarnos, no cale en la gente. Pero eso no funciona. Ahora hay espacio en la web y en las redes sociales para decir la verdad sin miedo a que se censure.

Y una verdad irrefutable que se tiene que admitir es que existe corrupción en la prensa como en el estado, como dije una vez en un foro de periodistas y frente a varios políticos. La diferencia es que a un legislador o a un político que vende influencias lo meten preso si lo cogen en el acto, pero si un medio y empieza a publicar noticias que le favorecen a uno de los negocios aliados o que pertenecen al dueño, y gana dinero, no pasa nada. Eso es lo que se tiene que parar y denunciar, por aquello de la transparencia y la honestidad.

Así que para aclarar las cosas, le exijo al Gobernador que diga esos nombres de periodistas y jefes de redacción a los que implicó de corrupción.

Le exijo al Gobernador que diga nombre a esas personas que dicen llamarse periodistas o jefes de redacción y que no tengamos que esperar a que salgan como parte de una comparecencia ante un Gran Jurado federal, como está pasando ahora mismo con Anaudi.

Es hora de que se descorra ese velo de los amiguismos entre políticos y los que dicen llamarse periodistas pero en realidad no lo son.  Pero que no se crea el Gobernador y otros políticos que con esto amedrenta a la prensa verdadera. No lo hace. No lo logrará.

La Asociación de Periodistas (ASPPRO) ya sacó la cara por el gremio, pero es momento que el resto de la prensa y las empresas mediáticas hagan lo propio. Hay que comenzar a limpiar la casa porque no sólo mina la credibilidad de un pueblo hacia los reporteros que cubren la noticia, sino también la de los medios. Después que no se quejen si las audiencias abandonan los canales por Netflix, a la radio por Sirius, o la los periódicos por las redes sociales. Hay que exigirle al gobernador que diga quienes son esos que se hacen llamar periodistas pero usan el acceso que le da un trabajo o una credencial para agenciarse favores. Esos no son periodistas. Son buscones.

Para el público, esto debe ser un momento importante. El consumidor de noticias tiene que exigir una mejor calidad en el servicio que le ofrecen la prensa y los medios de comunicación. El pueblo también tiene que exigir quiénes son esos implicados.

Gobernador, la bola está en su cancha. Recuerde, que mono sabe, palo que trepa.

No comments:

Post a Comment