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Wednesday, February 15, 2012

Analistas vs. Comentaristas


Lo más que abunda en los medios de comunicación en Puerto Rico son los opinantes. Opinan, comentan y hablan. Casi todos se autodenominan analistas políticos, pero realmente son comentaristas.

Y así como abundan los opinantes, también prolifera la confusión del público que ya no reconoce linderos entre las funciones de esos que hablan y los pocos que reportan. Es un asunto complejo azuzado por la importancia que en los medios le dan a sus comentarios-opiniones en lugar de exigir análisis, la infinidad de veces que repiten los comentarios-opiniones y el hecho de que éstos generan opinión pública.

A esto  se une el ego muchas veces enfermizo de algunos de estos talking heads que se creen personalities, la falta de profundidad y la poca ética en ciertos personajes, que abonan a que haya más confusión. El público que critica la prensa puertorriqueña y la acusa de estar parcializada o de ser superficial muchas veces incluye como prensa a estos opinantes.  De hecho, se confunden los términos de periodista y reportero, periodista y analista, analista y comentarista de noticias.

Es tanto el grado de confusión que se debería exigir a los medios que hagan una aclaración, por aquello de demostrar respeto hacia sus audiencias, lectores o televidentes. Los términos no son sinónimos. No son lo mismo.

El analista es un profesional especializado en las materias que observa y analiza de manera habitual por eso se pueden llamar analistas políticos, analistas financieros o analistas sociales. El analista es el que estudia, se prepara, se informa. Es el que ofrece una información que hace pensar al que la recibe ya sea porque lo estimula o le enseña, o le disgusta, pero con respeto intelectual.

Un comentarista es, en cambio, una persona que opina o comenta sobre temas de actualidad, generalmente noticias o  titulares. Hay analistas de noticias que son los que se preparan, comparan datos, investigan y hacen sus análisis cualitativos o cuantitativos de las veces que se publican ciertos temas, los ángulos noticiosos o el tipo de reportaje que prolifera en los medios. Eso es bien distinto a que se paren detrás de un micrófono y generalicen a base de sus percepciones u opiniones, que es lo que hacen los comentaristas.

El analista sigue y analiza los hechos, el comentarista relata su opinión. En Puerto Rico con contadísimas excepciones, la mayoría de los opinantes lo único que hacen es leer los titulares de los periódicos o comentar lo que les dicen sus jefes estrategas de los partidos políticos a los que pertenecen. Esto perjudica al país porque los comentaristas no explican ni dan contexto histórico. No ofrecen estadísticas ni estudios comparativos. Raras veces dan referencias citando libros o expertos.

Como si fuera poco, son hipócritas y le mienten al país. Es rarísimo escuchar a los comentaristas y mal llamados “analistas políticos” que digan abiertamente con qué político o sector de influencia tienen relaciones, o si tienen contratos con algún partido político, si están bajo sueldo de algún legislador o alcalde. Y luego se escuchan alabando ciertos políticos o ciertos sectores y criticando a otros, pero no le explican nada al público. Esta falta de ética confunde y abona a la desinformación en el país.

Además está el desplazamiento que han hecho los opinantes de los reporteros en muchos medios, particularmente en la radio, es un hecho ampliamente discutido entre periodistas desde hace más de una década. Devengan contratos lucrativos que no comparan con los salarios bajos, aún en caso de los empleados que son unionados en los medios.

En ese sentido, hace falta un público más crítico y exigente con los medios de comunicación. Y así como exigen transparencia en la prensa, que le exijan lo mismo a los opinantes en los medios. Sólo así se podrán detectar sus verdaderos colores.


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