Periodista independiente en Puerto Rico

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Sunday, September 16, 2018

Tercer idioma oficial


(NOTA: Esta columna fue publicada originalmente en NotiCel el 9 de septiembre de 2018 - https://www.noticel.com/opiniones/blogs/en-blanco-y-negro-con-sandra/tercer-idioma-oficial/792319956 )
Los populares una vez pusieron el español como idioma oficial pero después los penepés añadieron el inglés, que no todos pueden hablan, siendo esa destreza algo vital en este mundo. La verdad es que Puerto Rico tiene una tercera lengua que no aparece en los libros ni la reconocen, pero sí es oficial porque la hablan casi 200,000 personas. No es ni inglés ni es español. Es el Lenguaje de Señas Puertorriqueño.
Este idioma no es el American Sign Laguage (ASL), tampoco son las señas en inglés o las que se aprenden al ver vídeos en YouTube, que vienen de México, Venezuela o España. Hay una comunidad de casi 200,000 personas sordas que usan el lenguaje de señas de aquí, propio de Puerto Rico, que adopta gestos en inglés y de otras partes, pero es local. Y los sordos –[que no son mudos o sordomudos como la gente los llama por error]-, hasta lo dicen con la boca cuando les preguntan. Su idioma natural es el lenguaje de señas puertorriqueño.
El lenguaje de señas es un idioma formal, que tiene su propia estructura, su propia gramática. Lo que pasa es que es un lenguaje diferente. Es visual. Es un lenguaje gesto-corporal, que envuelve una dinámica diferente a la que entendemos los que somos oyentes. Nuestro idioma tiene sus complejidades y en el lenguaje de señas pasa lo mismo. Hay que lograr esa sensibilidad gubernamental, cívica y de todos los aspectos de la sociedad puertorriqueña para que entiendan que falta un idioma por integrar en los asuntos cotidianos y básicos.
Este tema cobra una vigencia incuestionable este mes de septiembre, mes de la concienciación de la comunidad sorda en Puerto Rico. Involucra comunicación, política y sensibilidad, pero más que nada, es un asunto de derechos humanos.

Tuesday, March 29, 2016

Campañas sordas y ciegas

(NOTA: Esta columna fue publicada originalmente en NotiCel el 23 de marzo de 2016 - http://www.noticel.com/blog/188148/campanas-sordas-y-ciegas-audio.html )




En Puerto Rico el español no es el único idioma principal. Aquí hay más de 150,000 personas que usan otra lengua, pero eso, ninguno de los candidatos políticos actuales lo entiende. Ni si quiera lo reconocen porque para los políticos, esas personas no existen.  Y si no existen, entonces, no ven la necesidad de comunicarse con ellos. Representan votos, pero no los políticos no los ven.



Se trata de los 150,000 sordos y personas con pérdidas auditivas que viven en Puerto Rico, según la más reciente revisión de los datos del Censo, al 2016. Si a éstos se añaden el estimado de otras 120,000 personas ciegas que viven aquí, se trata de una población de unas 270,000 personas. Casi todos esos puertorriqueños se comunican mediante lenguaje de señas o leen libros en Braille.



Sin embargo, no hay uno solo de los candidatos políticos en la contienda electoral que haya hecho el más mínimo acercamiento a esta población. Es como si no votaran. Y si no votan, menos les importan.



El problema es que en un país donde la emigración sigue subiendo, y en donde ya se anticipa que habrá una merma de electores en noviembre, todo voto cuenta. Ya hay politólogos que apuntan a que las próximas elecciones se pueden decidir por márgenes escasos, de menos de 5,000 votos. Entonces, ¿Cómo es que ningún político le ha dedicado un minuto a este segmento de la población? ¿Por qué ninguno de los estrategas de la propaganda política, o los comunicadores, han pensado en que tienen ahí una población significativa de electores? ¿Por qué hay tan mala comunicación?



La respuesta a estas interrogantes es sencilla y evidente: no los consideran porque los que siempre han sido olvidados, ahora son más invisibles que nunca.



Eso explica por qué ni Rafael Bernabe, ni Manuel Cidre, ni Alexandra Lúgaro, ni María de Lourdes Santiago, ni Ricky Rosselló, ni Pedro Pierluisi, ni David Bernier, que se sepa, han dirigido ni un ápice de sus campañas para comunicarse con estas personas en la manera en que los pueden entender. Ni ellos ni los aspirantes a la Comisaría Residente en Washington, ni los alcaldes, ni los legisladores. Nadie.