La decisión de GFR Media de dejar de imprimir El Nuevo Día y Primera Hora no es solo una evolución tecnológica. Es el resultado de años de errores de gestión, y sus efectos ya golpean a la prensa regional, a las comunidades sin conectividad y a la ilusión de un periodismo gratuito. (Análisis de medios)
Publicado en Substack
Por Sandra D.
Rodríguez Cotto
La decisión de GFR Media de paralizar la impresión de El Nuevo Día y Primera Hora es, sin exageración, la transformación más drástica en la historia moderna de los medios en Puerto Rico. Pero leerla como una simple “evolución tecnológica” sería quedarnos en la superficie. Lo que ocurre es el desenlace de decisiones de negocio tomadas durante años, y sus efectos ya se sienten en la prensa regional, en las comunidades sin conectividad o con acceso informativo bajo amenaza, y en el bolsillo de quienes esperan que el periodismo sea gratis.
UNA FALLA QUE
VIENE DE ADENTRO
Culpar solo a internet es
cómodo. La realidad es que la gran prensa cedió su soberanía publicitaria. En
lugar de construir infraestructuras propias para vender y medir su audiencia,
entregó la monetización a Google y Meta, intermediarios que se quedan con la
mayor parte de la inversión publicitaria. Esta es la apreciación de al menos seis
editores de distintos medios consultados. A eso se sumó una inercia de décadas: medios
sostenidos por la pauta de las agencias publicitarias y por presupuestos
gubernamentales, con poco incentivo para innovar en formatos, productos y
fuentes de ingreso.
Se repitió también un dogma:
que “el papel no sirve” ante lo digital. La experiencia local lo desmiente.
Publicaciones hiperfocalizadas como Seguros,
Pride Society, Soy
Silver y Ey Boricua,
impulsadas por José Maldonado, y el modelo histórico del impreso del semanario Claridad – el periódico más
antiguo en Puerto Rico con 67 años de operaciones - demuestran que el
papel funciona cuando se dirige a nichos definidos, a comunidades con hábitos
arraigados o a audiencias ejecutivas.
El problema nunca fue el
formato. Fue querer que un solo modelo sirviera a todos. “Cada medio es
distinto y cada audiencia exige cosas específicas”, dijo, por su parte José Pérez,
director del periódico regional El
Sol de Puerto Rico.
“Vivimos un momento interesante
para los medios”, dijo Daniel Nina, fundador de El Post Antillano, un medio que desde
sus inicios hace 15 años, es puramente digital. Por su parte, el veterano periodista Omar Alfonso,
editor del periódico La Perla,
estuvo en ese medio los años en que era principalmente en papel y luego vivió la
transición a la web, y desde hace cuatro años, bajo nuevos dueños, se mantiene exclusivamente
en la plataforma digital.
Al replegarse al entorno
digital con muros de pago, a diferencia de los periódicos regionales, los
grandes diarios como El Nuevo Día, dejan atrás a quienes más dependen
del ejemplar físico: los adultos mayores y las comunidades fuera del área
metropolitana con conectividad limitada. Para ellos, el cierre de las prensas
es un apagón informativo. Es un efecto que casi nunca aparece en los
comunicados corporativos, pero que se mide en municipios donde la información
local se consumía con el periódico en la mano.
LA PRENSA
REGIONAL NO SE RINDE
El cierre de las prensas de GFR
amenazaba con dejar sin taller a los periódicos regionales. De hecho, la mayoría
de los regionales se enteraron una semana antes de que El Nuevo Día no
les imprimirá mas sus respectivos periódicos. La mayor están buscando todavía
alternativas en y fuera de Puerto Rico para la impresión.
La respuesta ha sido táctica y
valiente. El Expresso movió su
impresión a talleres independientes como CG Printing, en Canóvanas. El Oriental fue directo en su
mensaje: seguirá en papel por el valor de una edición que se puede tocar,
guardar y compartir, mientras crece en lo digital para llegar a nuevas
generaciones.
No están solos. Otros periódicos
como Visión, Es Noticia PR y La Cordillera, entre otros,
sostienen un vínculo comunitario en el que tanto el ejemplar físico como el digital
son una especie de documento de registro local y como herramienta de alcance
directo para el comercio de cada zona. Mientras los grandes diarios apuestan
por la cobertura nacional y la publicidad programática, la prensa de proximidad
apuesta por la hiperproximidad y por la relación directa con el comerciante.
Son dos lecturas opuestas del mismo momento.
LOS OTROS DIARIOS
El Vocero, reafirma su
modelo impreso de circulación gratuita, sostenido por la pauta comercial y la
lectura en línea. Algo parecido sostiene Metro,
y sus otras publicaciones aliadas como Caribbean
Business, El Calce y Punto Digital, ahora bajo nuevos
dueños locales. Su apuesta es capturar a los lectores y anunciantes que el
papel de GFR deja desatendidos.
Pero todos estos diarios
digitales que ya son tradicionales en el ecosistema mediático boricua compiten
con una serie de publicaciones que han sido creadas o pertenecen a cabilderos y
contratistas del gobierno y que se proyectan como medios bonafide, cuando son órganos
de propaganda y desinformación. Esto incluye, a juicio de esta autora, a
publicaciones como InDiario o PRNews, entre otras. Ese es otro de los grandes
retos actuales del ecosistema mediático, que requiere un análisis por separado.
Pero detrás del debate sobre el
papel o lo digital hay una crisis más honda, que el veterano periodista
Benjamín Morales Meléndez, de El Vocero, ha puesto sobre la mesa en un magnífico
escrito en sus redes
sociales: “queremos periodismo riguroso sin asumir lo que cuesta producirlo”,
escribió.
Investigar, corroborar datos y
fiscalizar al poder exige profesionales capacitados e instituciones con
sostenibilidad financiera. Y en una era saturada de relaciones públicas, propaganda
y desinformación en redes, verificar es más caro y más complejo que nunca.
La paradoja es cruel. Se exige
contenido gratis, se rechaza la publicidad y se protesta contra la suscripción.
Cuando esas tres puertas se cierran a la vez, la fiscalización se debilita, y
el espacio que queda libre lo ocupan la manipulación política y corporativa.
Nadie sale ganando, salvo quien prefiere que nadie vigile.
QUEDAN TRES
FRENTES
El cierre de las prensas no es
el fin del periodismo. Es el fin de un modelo industrial. Basado en las décadas
de hacer de análisis de este mercado, el panorama que emerge tiene tres
frentes:
- La gran prensa, en lo digital. El Nuevo Día y Primera Hora particularmente, pero
aplica a todos, tendrán que demostrar que la exclusividad de sus
contenidos justifica un pago recurrente en un mercado saturado de opciones
gratuitas.
- La prensa independiente y especializada. Los proyectos nativos digitales, las publicaciones de nicho y los
medios de investigación seria, asumen un rol central en la fiscalización.
Dependerán cada vez más de donaciones, alianzas y micropagos.
- El papel regional. Los medios locales que logren estructurar redes de impresión
independientes, actualidad a nivel digital y mantener la cercanía con sus
comunidades retendrán el espacio publicitario e informativo que la gran
prensa deja vacante.
LO QUE ESTÁ EN
JUEGO
La supervivencia del periodismo en Puerto Rico dependerá de dos cosas: de que los medios innoven sin perder su función social, y de que la audiencia esté dispuesta a respaldar económicamente el trabajo que consume. Sin lo segundo, lo primero es imposible. El papel de los diarios en Guaynabo se apagó, pero la pregunta de fondo sigue encendida: ¿cuánto vale, para nosotros, saber lo que pasa?
###

No comments:
Post a Comment