Periodista independiente en Puerto Rico

Monday, September 7, 2026

La derecha avanza: ¿quién está preparando el terreno en Puerto Rico?

Lo que acaba de ocurrir en Alemania debería preocuparnos —o por lo menos obligarnos a mirar con mucha más atención— lo que está pasando en Puerto Rico. 

Imagen creada con IA

Lo que acaba de ocurrir en Alemania debería preocuparnos —o por lo menos obligarnos a mirar de cerca— lo que está pasando en Puerto Rico.

La ultraderecha acaba de conseguir una victoria histórica en Sajonia-Anhalt ayer domingo. El Partido Alternativa para Alemania, (AfD), obtuvo alrededor del 44% de los votos en las elecciones estatales. Aunque no ganaron las elecciones nacionales alemanas, sí lograron algo simbólico: convertirse en la fuerza principal en un estado alemán y demostrar que la extrema derecha ya no está al margen del sistema político europeo. Está en el centro de la conversación y tocando las puertas del poder.

Y ahí está la primera lección para nosotros: las grandes revoluciones políticas no empiezan necesariamente cuando un partido llega al poder. Comienzan cuando sus ideas dejan de parecer marginales y empiezan a verse como el sentido común. Eso es lo que deberíamos estar observando.

Porque Alemania no está sola. La derecha ha ganado terreno en América Latina, en Europa y, sobre todo, en Estados Unidos. Argentina, Ecuador, Chile, Bolivia, Costa Rica, Colombia y Perú forman parte de un mapa político que se ha ido desplazando hacia posiciones conservadoras, nacionalistas o abiertamente populistas. No son todos iguales, pero comparten un lenguaje que está recorriendo el mundo: seguridad, orden, nacionalismo, rechazo a las élites políticas, menos regulación, más mercado, más autoridad, menos confianza en las instituciones tradicionales.

Y Puerto Rico está dentro de esa corriente. No podemos fingir que somos espectadores.

Tenemos una gobernadora republicana, Jenniffer González, políticamente alineada con Donald Trump y con sectores conservadores de Estados Unidos. En marzo, González participó en el Miami Security Forum de The Heritage Foundation, uno de los principales centros intelectuales del conservadurismo estadounidense, donde presentó a Puerto Rico como pieza estratégica de la seguridad de Estados Unidos.

Eso no es un detalle menor. Porque Heritage no es simplemente una organización que organiza conferencias. Es parte de una poderosa infraestructura ideológica que lleva décadas impulsando una agenda conservadora en Estados Unidos. Y ahí comienza la conexión real con Alemania: mientras allá la derecha radical demuestra que puede pasar de los márgenes al centro del poder electoral, en Estados Unidos la derecha que representa Trump ya está en el gobierno federal. Y Puerto Rico, como territorio, está conectado directamente a Washington. Por eso, cuando vemos lo que ocurre en Alemania, no debemos preguntarnos únicamente si algún día la AfD gobernará ese país. Tenemos que preguntarnos qué ideas están ganando terreno internacionalmente y cómo están llegando a Puerto Rico.

Y entonces aparece otra pieza del rompecabezas: el dinero.

El súper PAC Democracia es Prosperidad volvió a activarse de cara al próximo ciclo electoral. Su objetivo declarado es apoyar candidatos y políticas favorables al desarrollo económico y al sector empresarial. Perfecto. Eso es legal y forma parte de la democracia estadounidense. Pero como periodistas tenemos la obligación de hacer preguntas.

¿Quién pone el dinero? ¿A quiénes se está financiando? ¿Qué candidatos recibirán apoyo? ¿Qué legislación quieren impulsar? ¿Qué sectores económicos se beneficiarán? Y, sobre todo: ¿estamos frente a una campaña electoral o frente a la construcción de una nueva estructura de poder?

Porque la derecha moderna no depende exclusivamente de un partido político. Tiene empresarios. Tiene PACs. Tiene donantes. Tiene organizaciones ideológicas. Tiene think tanks. Tiene abogados. Tiene plataformas digitales. Tiene redes internacionales. Y en Puerto Rico controla la mayoría de los medios de comunicación tradicionales, y ha ido creando espacios digitales. Además, tiene una narrativa muy efectiva: menos Estado, más mercado; más seguridad, menos derechos; más autoridad, menos cuestionamiento; más inversión, menos regulación.

Muchas veces esa narrativa no llega diciendo que quiere transformar completamente el sistema. Llega hablando de "eficiencia", "competitividad", "seguridad", "modernización", "libertad económica" y "crecimiento". Todas son palabras atractivas. Pero detrás de ellas hay que mirar las políticas concretas: ¿quién controla la energía? ¿Quién controla la infraestructura? ¿Quién recibe los incentivos contributivos? ¿Quién compra los terrenos? ¿Quién administra los servicios públicos? ¿Quién gana con la privatización? ¿Quién paga la factura?

Puerto Rico ya está viviendo parte de esa discusión. La energía es un ejemplo. La privatización y contratación de servicios públicos es otro. La vivienda, los terrenos, el agua, la infraestructura y los incentivos contributivos son otros.

La pregunta no debe ser si queremos desarrollo económico. Por supuesto que lo queremos. La pregunta es: ¿desarrollo para quién? Porque una política puede llamarse “proceso” y, al mismo tiempo, producir concentración de riqueza. Puede llamarse "modernización" y terminar debilitando servicios públicos. Puede llamarse "inversión" y terminar entregando activos estratégicos a intereses privados. Puede llamarse "libertad económica" y dejar al ciudadano con menos capacidad para defenderse frente al poder económico…….

También debemos observar las relaciones con Israel y el creciente alineamiento de sectores de la derecha puertorriqueña con determinadas posiciones de la derecha republicana estadounidense. La administración de González ha promovido públicamente el fortalecimiento de los vínculos entre Puerto Rico e Israel. Eso tampoco ocurre en un vacío político: Israel se ha convertido en uno de los grandes puntos de convergencia dentro del conservadurismo estadounidense y de la política republicana.

Entonces tenemos varias piezas sobre la mesa: Trump. La derecha republicana. Heritage Foundation. El gobierno de Puerto Rico. Jennifer González. Sectores empresariales. PACs. Israel. Las elecciones de 2028.

La pregunta periodística es si estas piezas están conectadas y, si lo están, cómo. Porque sería ingenuo pensar que las grandes transformaciones políticas ocurren solamente el día de las elecciones. Las elecciones son el resultado final. Antes vienen el dinero, las organizaciones, las alianzas, las narrativas, los candidatos, las campañas de comunicación y la construcción de una nueva idea de lo que debe ser el país.

Si la tendencia internacional continúa, los sectores conservadores llegarán a esa elección con una ventaja importante: no tendrán que inventar el discurso. Podrán señalar hacia Washington. Podrán señalar hacia América Latina. Podrán señalar hacia Europa. Podrán decir: "esto está pasando en todas partes." Y esa normalización importa, porque eso fue precisamente lo que ocurrió durante años con movimientos que antes parecían imposibles de imaginar en posiciones de poder.

Y aquí quiero hacer una advertencia. Esto no se trata de demonizar a la derecha. La democracia necesita derecha, izquierda y todas las posiciones intermedias. El problema comienza cuando dejamos de mirar críticamente quién tiene el poder, quién financia las campañas y quién termina beneficiándose de las decisiones públicas.

Por eso lo que ocurrió en Alemania debe servirnos de espejo. La AfD no llegó de la nada al 44%. Llegó después de años construyendo organización, discurso, identidad política y capacidad electoral. Y Puerto Rico debe preguntarse si algo parecido está ocurriendo aquí, aunque con características propias.

Porque quizá la pregunta más importante de cara a 2028 no sea "¿ganará la derecha?". La pregunta es mucho más incómoda: ¿quién está construyendo la derecha que podría gobernar Puerto Rico después de 2028? Y todavía más importante: ¿qué Puerto Rico quieren construir?

No podemos afirmar que todas estas piezas —Trump, Heritage, el gobierno local, los PACs, Israel— formen parte de una misma estrategia sin investigar las conexiones concretas. Pero sí podemos, y debemos, hacer la pregunta. Porque ese es precisamente el trabajo del periodismo: no asumir, no demonizar, investigar. Seguir el dinero. Seguir las organizaciones. Seguir los candidatos. Seguir las alianzas. Seguir las políticas. Y seguir quién termina beneficiándose.

Alemania acaba de demostrar que una transformación política puede parecer imposible hasta que deja de serlo. Ese debate tenemos que abrirlo ahora, antes de que llegue la campaña electoral y nos encontremos con que las decisiones más importantes ya fueron tomadas por otros. Puerto Rico tiene dos años para decidir si quiere simplemente observar ese proceso... o entenderlo antes de que llegue a nuestras urnas.

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