Tras 26 años guardada, la comunidad artística activa una petición en Change.org y exige instalar la icónica escultura en el zaguán para el que fue diseñada. Antonio Martorell y sobre 15 artistas se unen al reclamo desmontando las excusas oficiales del museo

Cómo la obra "Borinqueña" debe verse en el MAPR
Por Sandra D. Rodríguez Cotto
Veintiséis años. Ese es el tiempo que
"Borinquen" - una mujer taína sentada en un dujo que escucha el mar a
través de un caracol - lleva esperando a que el Museo de Arte de Puerto Rico
(MAPR) le abra la puerta.
Es una inmensa escultura de hierro que fue concebida
para el zaguán de entrada como la pieza central de bienvenida al museo. Estaba
en los planos, se reforzó el piso con una columna para sostenerla y se diseñó
una iluminación cenital para ella. Pero nunca la dejaron entrar. La pregunta
que queda es ¿por qué no?
Pero ahora, el reclamo cultural se ha convertido
en un movimiento activo impulsado por plataformas como All
About Art y el junte de la comunidad artística. Una petición
formal en la plataforma Change.org
(accede
a la petición aquí), dirigida a la Junta de Síndicos del museo y promovida
por la Dra. Adlín Ríos Rigau, recoge firmas bajo la consigna y etiqueta Justicia
para Borinquen y el hashtag #TodosSomosBorinquen.
La campaña suma también una contundente carta
firmada por el maestro Antonio Martorell y 17 artistas más del programa de arte
comisionado original, en la que le exigen a la Junta que restituya la obra
"al lugar para el cual fue creada". Incluye además hasta una canción que se creo
para denunciar este desagravio.
No fue posible una reacción de los portavoces del Museo de Puerto Rico, pero a través de los anos nunca han querido ubicar la pieza donde se diseñó que iba.
¿MUSEO DE ARTE DE OHIO O DE PUERTO RICO?

Dra. Adlín Ríos Rigau frente a la obra cuando fue exhibida frente al Capitolio
Ríos Rigau, quien diseñó y dirigió el programa de
arte comisionado del museo entre el 1995 y 1999, conversó en el programa de
radio En Blanco y Negro con Sandra. Su relato desarma, una por una, las
razones del museo.
La historia comienza en 1996. Los primeros planos
esquemáticos del edificio ya reservaban el zaguán de entrada para una
escultura. Entre 1996 y 1998, Ríos Rigau preparó un programa inspirado en los
grandes museos del siglo 20, que comisionaron obras para abrir con colección
propia.
El Banco Gubernamental de Fomento que financió el
edificio de $52.5 millones, pagó a 32 artistas para que el museo tuviese su
propia colección. Sus piezas están en su sitio desde que el museo abrió en
2000: el telón del teatro en mundillo diseñado por Martorell, el vitral de Eric
Tabales, el mural de Carmelo Sobrino, los bancos, las lámparas, las esculturas ubicadas
en el exterior de diversos artistas como Nick Quijano, María Elena Perales y Arnaldo
Roche Rabell, entre otros.
Todas, menos una. Es la más importante porque
inicia el diálogo curatorial del museo. Ese decir, el museo no tiene punto de
partida.
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| Cómo debería verse la pieza |
"Borinquen", la más costosa por ser un
bronce de ocho pies a la cera perdida fundido en Italia, dejó a la directora
sin presupuesto. Los arquitectos del museo se ofrecieron a pagarla para que el
programa no quedara sin su escultura de entrada. Ríos Rigau llevó la petición
al entonces presidente del Banco, Marcos Rodríguez Ema, quien dio el visto
bueno. "Ellos lo único que hicieron fue pagar", me explicó. "Fue
parte de un proceso conceptual para que el museo tuviera piezas propias cuando
abriera".
Cuando la obra llegó de Italia, el museo no la
aceptó. Las razones han ido cambiando con los años, según la profesora dijeron
que pesaba demasiado para el piso. Falso, dice ella: “el arquitecto instaló una
columna justo debajo para sostenerla”.
La gerencia del museo también dijo que la obra
era "muy indigenista" para recibir al público. "¿Y ese museo
cómo se llamaba? ¿Museo de Arte de Ohio? ¿O es que se llama Museo de Arte de
Puerto Rico?", preguntó.
También han dicho que un donante no puede dictar
dónde se instala su donación. Es la explicación que la Junta actual sigue
ofreciendo.
Sobre esta última, Ríos Rigau fue tajante: está
de acuerdo con el principio, pero no aplica al caso. "Borinquen no es una
donación". Tiene, dijo, "pruebas fehacientes": planos, dibujos
arquitectónicos y hasta un video de realidad virtual de 1999 que los cines de
la isla proyectaron gratis por tres meses. En él, al abrirse las puertas de
cristal y bronce del museo, lo primero que aparece es "Borinquen".
"Todo el pueblo que fue al cine en esa época vio Borinquen".
UNA CARTA QUE PESA
La carta del maestro Martorell y sus colegas,
dirigida a la Junta, sostiene que la escultura fue "integrada desde su
origen al discurso curatorial y arquitectónico del proyecto", bajo la
dirección de Ríos Rigau y en consulta con los arquitectos Otto Reyes Casanova y
Luis Gutiérrez. Su ausencia, añaden, es "una interrupción en la narrativa
simbólica" de la visita, y su reinstalación sería "un acto de
justicia cultural".
La presidenta de la Junta de Síndicos del MAPR,
Verónica Viso, y la directora del museo, María Cristina Gaztambide respondieron
por carta a los artistas y reiteraron su negativa rotunda a reconsiderar su
postura, rechazando colocar la obra en el zaguán de entrada. Esto reavivó la
indignación en el sector cultural.
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| Diseño original del MAPR que evidencia dónde iba la obra |
Esta negativa oficial ha sido calificada por los
artistas como un desacierto institucional. Según los promotores de la campaña,
el argumento del museo equivaldría a mover de sitio el telón en mundillo de
Martorell en el teatro para acomodar un nuevo discurso curatorial.
Señalan además un detalle arquitectónico clave:
las puertas de la entrada principal, el único elemento alterado de la fachada
del viejo edificio, se diseñaron especialmente en cristal para que la escultura
de "Borinquen" pudiera ser contemplada por el pueblo desde la calle,
de día y de noche, estuviera el museo abierto o cerrado.
UNA OBRA CON PREMIO Y SIN CASA
"Borinquen" es obra del fenecido
maestro barranquiteño Rafael López del Campo (1936-2009), quien, según Ríos
Rigau, nunca puso un pie en el museo por lo que le hicieron a su obra. La pieza
fue premiada en Italia, y de acuerdo con los promotores de la petición, ganó el
primer premio de escultura en la XV Feria de Arte Día Margutta.
Su peregrinaje ha sido largo. La escultura pasó
unos 25 años guardada en la oficina del arquitecto del MAPR, pero con el
tiempo, tuvo algo de deterioro. Fue restaurada y por un año se exhibió frente
al Capitolio, donde, dice la profesora, "la gente que la veía se
maravillaba". Volvió a ser restaurada, porque no es para exteriores, y hoy
está guardada en un lugar seguro, cuya ubicación se mantiene en reserva para
protegerla.
Los promotores de la campaña recogen además un
rumor, que reconocen no haber confirmado: que algunos miembros de la Junta
consideran la pieza "demasiado étnica" para el lugar principal del
museo. Si fuera cierto, sería una razón más grave que cualquiera de las
anteriores. La obra representa a una joven taína y honra las raíces de los
pueblos originarios de lo que hoy es Puerto Rico.
Por eso, incluso la organización que representa a
los descendientes de los tainos, la Confederación Unida del Pueblo Taíno se
unió al reclamo de que se ubique la pieza donde se concibió.
JUSTICIA SIN BOICOT
Ríos Rigau insiste en que no busca dañar al museo
que construyó con "mucho sacrificio". "Lo menos que está, ha
estado y estará en mi corazón es hacerle daño al Museo de Arte de Puerto Rico.
Solamente quiero justicia". Su mensaje a la Junta actual es que este es el
momento de escuchar al pueblo, pasar la página y colocar la escultura en el
zaguán. Asegura que ningún visitante entrará por ese portal sin quedar
"absorto, maravillado".
El MAPR es un museo del pueblo, pagado con dinero
del pueblo, y su nombre lleva el de todo un país. Que ese país no pueda ver en
su entrada una de sus obras más emblemáticas, por razones que han cambiado cada
vez que las anteriores se caen, es una pregunta que la Junta de Síndicos le
debe a la ciudadanía, dijo Ríos.



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