Periodista independiente en Puerto Rico

Thursday, September 11, 2014

XXX infantil

Puerto Rico se está convirtiendo en una cuna de pederastas. Los hay en todas partes y en todas las clases sociales, ámbitos culturales y en casi cualquier esquina. Ocultos, bajo el velo de la secretividad, ya sea por vergüenza social, por protegerlos si son figuras de autoridad, o por miedo a represalias aunque los niños sigan siendo víctimas.

Son padres, abuelos y tíos. Maestros, “coaches” de pequeñas ligas o de soccer, vecinos, curas y ministros. También hay maestras, mamás, abuelas y tías que abusan de niños y niñas, pero parecería ser que a nadie le importa.  Aquí de lo único que quieren hablar los políticos es del estatus, con las acostumbradas bolas de humo que tiran para que la gente se embobe y no le preste atención a los verdaderos problemas que nos afectan de inmediato.

Puerto Rico es la quinta jurisdicción en territorio americano donde más pederastas son arrestados por las autoridades federales. Los estados de Texas, Nueva York, Florida, California son los primeros cuatro, seguidos por Puerto Rico, según me comentó hace unos días en una entrevista radial que le hice al amigo Iván Ortiz, portavoz de la Agencia Federal de  Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés).

Los arrestos por pornografía infantil y otros crímenes contra los niños han aumentado en casi un 95% en lo que va del 2014 comparado al año anterior. También han aumentado los casos de Crímenes Cibernéticos -  todo tipo de crímenes contra menores en los que se utiliza algún medio interestatal. Eso incluye Internet, celular y hasta el televisor, según Ortiz.


Hace poco, el amigo César Rey, presentó los hallazgos del segundo estudio sobre trata humana en Puerto Rico de la Fundación Ricky Martin en el que se identificaron cinco nuevos tipos de estos crímenes que involucran niños. El exsecretario de Educación señaló como modalidades de explotación de menores en Puerto Rico la laboral; la que se realiza para fines de reproducción; para fines de mendicidad; para el narcotráfico y para la explotación sexual.

La semana pasada muchos comentaron que en el lugar favorito para vacacionar de los puertorriqueños, Disney en Orlando, Florida, arrestaron a unos 35 empleados de ese parque de diversiones por casos de pornografía infantil. Lo que no se dijo que es que aquí en Puerto Rico, la inmensa mayoría de esos criminales andan por la libre.

Aunque ICE, la Policía y otras agencias estatales y federales están trabajando juntas, aún no se ve a la pornografía infantil, la trata humana y el maltrato a los niños como una crisis. No se habla de la inefectividad del registro de ofensores sexuales ni de que muchos pedófilos se han mudado a Puerto Rico para huir de otras jurisdicciones. Aunque es una crisis, a menos que lo declaren epidemia, algo así como pasó con el virus del Chikungynya, los casos seguirán.

No se habla porque los políticos no quieren enfrentar la realidad o porque no les conviene demostrar su incapacidad. A menos que no sean arrestos múltiples o de gente conocida – como el caso de sacerdotes y ministros, o el de Hilton Cordero, por ejemplo – la prensa los cubre, los políticos dicen dos o tres cosas y la gente gente los comenta, pero la cosa sigue.

Todos sabemos que el abuso sexual a los niños los traumatiza y marca de por vida. No sólo atenta contra su integridad física y psicológica, sino contra su propio desarrollo como persona. Las estadísticas apuntan a que la edad promedio de las víctimas es entre 8 y 12 años y que la mayoría de los abusadores son varones que usan la confianza y familiaridad, y el engaño y la sorpresa, como estrategias más frecuentes para someter a la víctima.


Nuestros niños tienen que ser una prioridad a nivel de política pública. Como padres y madres tenemos que orientarlos, darles confianza de que nos cuenten cuando algo no está bien, actuar cuando vemos que el menor no luce normal, y buscar ayuda de inmediato. Pero también, como ciudadanos tenemos que exigir a los políticos a que pongan la atención en donde de verdad importa. Y a los medios a que sigan denunciando estas atrocidades para que estos crímenes no queden impunes. No podemos permitir una sociedad XXX infantil en Puerto Rico como si fuera cualquier cosa. No. Ya basta de los maltratos.


NOTA: Esta columna fue publicada en El Vocero -Publicada en El Vocero 7-23-14 http://elvocero.com/xxx-infantil/

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