Periodista independiente en Puerto Rico

Saturday, January 3, 2026

Primero Venezuela. Después México, Colombia, Brasil, Groenlandia… ¿Y PeErre?

Trump redibuja el mapa a la fuerza. Puerto Rico cae en el nuevo orden del 2026: una colonia reactivada para la guerra y para el control del hemisferio.


El mundo despertó hoy con un estruendo que no venía de los fuegos artificiales de año nuevo, sino de los misiles de la "Operación Absolute Resolve". En una maniobra que parece sacada de una película de acción de los ochenta, Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, trasladándolos como trofeos de guerra desde Caracas hasta suelo estadounidense, con una cínica escala técnica en Puerto Rico. 

No es solo un movimiento logístico; es una bofetada ilegal en el rostro de toda la región, utilizando a nuestra Isla como el muelle de descarga de un imperio que ha decidido, finalmente, quitarse la máscara que alguna vez dijo ser diplomática.

Desde su mansión en Mar-a-Lago, Donald Trump no solo anunció la caída del chavismo, sino que desempolvó una versión esterilizada —pero mucho más agresiva— de la Doctrina Monroe, pero esta vez no viene a pedir permiso sino a cobrar facturas. Ya no se trata de "América para los americanos", sino de "El hemisferio bajo mi bota". Con la mirada puesta en México, Colombia y Brasil, el discurso es claro: cualquier país que sea etiquetado como "refugio del narcotráfico" es un objetivo potencial.

Pero la hipocresía es el plato principal de esta nueva geopolítica. Mientras Trump se viste de cruzado contra el narco para justificar la invasión a Venezuela, hace apenas unas semanas otorgó un indulto total a Juan Orlando Hernández. Sí, el mismo expresidente de Honduras condenado por convertir a su país en un narcoestado y traficar al menos 400 toneladas de cocaína a los Estados Unidos. El mensaje es transparente: el narcotráfico solo es un crimen si no eres un aliado útil o si tienes petróleo bajo tus pies.

¿Y Puerto Rico?

El presidente Donald Trump y equipo durante conferencia de prensa esta mañana

En este cínico y violento tablero de ajedrez, nuestro archipiélago caribeño vuelve a ser lo que siempre ha sido para el imperio: una colonia militar. La escala de Maduro en PeErre no fue casualidad; es el recordatorio de nuestra utilidad logística.

Con el aumento del uso de bases militares y la sombra del retorno de los ejercicios en Vieques, Ponce, Aguadilla, Arroyo y otros municipios, Puerto Rico se aleja de cualquier esperanza de descolonización para reafirmarse como el bastión militar del Caribe. Nos devolvieron al siglo pasado.

No somos aliados, ni subalternos ni mucho menos, socios. Nosotros somos su patio. Somos el portaviones que no se hunde, desde donde se lanzarán las amenazas contra México, las advertencias a Colombia y, eventualmente, la incursión hacia Groenlandia. Trump no ve ciudadanos en el Caribe, ve coordenadas estratégicas.

El efecto dominó: Un mundo sin reglas

Este "cheque en blanco" que Washington firmó en Venezuela envía una señal peligrosa al resto del planeta. Si Estados Unidos puede secuestrar a un mandatario y administrar un país soberano bajo el pretexto de "seguridad económica" en este siglo 21, ¿qué detiene a China de invadir en una semana a Taiwán, a Rusia de terminar de devorar a Ucrania, o a Israel de concretar la aniquilación total en Gaza?

Estamos ante el fin de la diplomacia y el inicio de la era de la fuerza bruta. Y Puerto Rico, atrapado en el centro de este huracán, corre el riesgo de ser más "colonia" que nunca. Seremos una pieza de sacrificio en un juego donde el tablero es el mapa del mundo y las reglas las dicta un solo hombre desde un club de golf en la Florida.

Venezuela ya cayó. México y Colombia están en la mira. Groenlandia es el próximo capricho. Mientras tanto, en Borinquen, el ruido de las botas militares llena el silencio 

La exprimera dama de Venezuela Cilia Flores y el expresidente Nicolás Maduro


No comments:

Post a Comment