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Wednesday, April 3, 2013

Transparencia

“La verdad hay que administrarla. Se cuenta poco a poco, pero se cuenta con honestidad"


 
Rabindranath Tagore dijo una vez: “El río de la verdad va por cauces de mentiras. Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad. La verdad levanta tormentas contra sí que desparraman su semilla a los cuatro vientos. Lo falso, por mucho que crezca en poderío, nunca puede elevarse a la verdad”.
 
Esas palabras me recuerdan de lo que más leo últimamente en la Prensa internacional que es del tema de la transparencia. Que si las empresas deben ser transparentes, que si la gente no debe mentir, que si las marcas deben ser claras en lo que dicen, que si los gobiernos deben decir las cosas como son. Para mí, de lo que esto se trata es de comunicar la verdad. La transparencia es precisamente eso, decir la verdad, pero decirla por convicción, ya sea porque esa es la política institucional o es la forma de ser del individuo, no porque sea una alternativa impuesta o una moda.


Operamos en un mundo globalizado, de interconexiones, con cámaras en todas partes y en el que hoy hasta los niños tienen teléfonos inteligentes o tabletas. Un mundo en donde una foto mal tomada o un vídeo comprometedor que se sube a las redes sociales de inmediato se convierte en noticia que por igual puede convertir en famoso a un desconocido como también puede destruir una reputación labrada durante toda una vida. En fin, vivimos en un mundo donde todo se observa y todo se comenta.
 
Ya no hay más secretos porque en la vida todo se sabe. O sea, que si mientes, es probable que alguien se entere y de inmediato. ¿Cómo se puede competir con un mundo donde el ciclo de noticias dura las 24 horas, en donde en Facebook o en Twitter se comenta o se anuncia de todo? Fácil, se logra siendo transparente. Hay que decir la verdad, pero no es confesarse. Como dice el colega relacionista Pepo García, la verdad hay que administrarla. Se cuenta poco a poco, pero se cuenta con honestidad.
 
Yo, que navego y he navegado por diversos mares en la comunicación, tanto en el campo de las relaciones públicas como en el periodismo o en la producción, veo la turbidez por todos lados.
 
En la Prensa sucede mucho con los dueños de empresas mediáticas cuando ocultan al público los negocios y vínculos comerciales que tienen en otras áreas fuera de sus medios de comunicación. A veces ocultan transacciones de empresas hermanas o promueven ciertos temas a nivel noticioso para ayudar a sus otras inversiones económicas, pero no lo dicen abiertamente. En mi experiencia como reportera, en más de una ocasión exigí e incluí en los reportajes alguna aclaración en la que explicaba los vínculos de la empresa en la que trabajaba con el tema de la noticia. Esa práctica la tienen algunos medios noticiosos a nivel internacional y siempre he pensado que eso también es decir la verdad. Eso es ser transparente.
 
En el caso de las corporaciones, veo muchas que hacen como el avestruz y se esconden cuando tienen algún problema o asunto que pueda afectar su reputación o tienen la posibilidad de convertirse en crisis. A veces lo hacen por miedo, otras por desconocimiento básico de comunicación En mi experiencia como relacionista siempre veo que esto se debe a que no tienen asesores en comunicación o si los tienen, a que desoyen las recomendaciones. Por eso se tardan en tomar decisiones y limitan la comunicación a lo que los abogados determinen. Esta lentitud al comunicar su posición o mensaje deja el espacio para que se especule o que los competidores y detractores aprovechen o inventen. Una vez las invenciones o especulaciones se hacen públicas, y pasa el tiempo, generan una percepción que es difícil de combatir en la opinión pública.
 
Columna publicada el 3 de abril de 2013 en El Vocero - http://www.vocero.com/transparencia-opinion/

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