La cobertura de los asesinatos de Félix Plaud y Luis Quiñones, junto a los vídeos de William Noel Rivera, puso a prueba la ética y el rigor periodístico ante el morbo mediático y cibernético.

Félix Plaud, William Noel Rivera, Luis Quiñones.
Por Sandra D. Rodríguez Cotto
En los últimos cuatro días la
prensa en Puerto Rico se enfrentó al dilema de cubrir una atroz noticia en
desarrollo que tenía todos los elementos de un espectáculo morboso y amplificado
porque los eventos iban ocurriendo, minuto a minuto, por las redes sociales. Los
vídeos del fiador William Noel Rivera Sánchez narrando como el activista del Partido
Nuevo Progresista Félix Plaud y el abogado Luis A. Quiñones González lo engañaron,
le robaron y él los mato, para luego suicidarse, fueron atroces, fueron escándalo,
especulación, pero también, eran y son noticia.
Se trató de unos hechos que ocurrían
sobre la marcha, mientras que la prensa suele cubrir a diario las noticias de
hechos criminales después de que pasan. Por lo general la prensa puertorriqueña que
cubre noticias de incidencia criminal, da a conocer los informes de la Policía después
que ocurren de los asesinatos. Este caso no fue así. Ocurrió casi a la vez que pasaban
sucesos. Desde que desapareció Plaud, el tiroteo frente al tribunal de Ponce y
los vídeos de Rivera Sánchez donde confesaba los hechos, hasta que luego apareció
su cadáver, y las expresiones del superintendente de la Policía, Joseph González.
En ese sentido, se puso a prueba a la prensa puertorriqueña y todo el país porque se veía al mismo tiempo a los periodistas y medios serios, los que informaban sin amplificar o inventar, los que verificaban sin censurar, los que protegían a las familias de las víctimas sin ocultar lo que el país tiene derecho a saber, frente a los que especulaban, recordaban hechos anteriores, se burlaban o critican a los asesinados. Los que especulaban, mayormente lo hacían desde las redes sociales, algunos llamados “influencers” y personas en su carácter individual.
