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Monday, October 5, 2015

“Fo” a la política, por ahora




La política y la politiquería tienen hastiados a los puertorriqueños. Aunque son los temas que predominan en los medios tradicionales, los resultados de las últimas encuestas y sondeos de opinión demuestran que las audiencias se hartaron y parecen decir al unísono: “Fo” a la política.

Quizás esto cambie el año de las elecciones, pero la verdad es que en este momento las audiencias no están respaldando los temas de política, a pesar de que los medios tradicionales los empujan por ojo, nariz y boca.  Desde la mañana a la noche el tema central parecen ser los aspirantes a primarias y los políticos de los dos partidos principales, pero el consumo mediático va por otro lado.  Las audiencias sí se informan de las noticias, pero al momento de detenerse y dedicarle tiempo – que es el activo que los medios necesitan para retener audiencias y ganar anunciantes – los televidentes, radioescuchas, lectores y cibernautas lo que quieren consumir es entretenimiento. No la política.

Con sólo mirar los números, uno lo confirma.  De lunes a viernes la gente consume un promedio de seis horas de televisión al día, y cinco horas los fines de semana. También dedican cinco horas al día de lunes a viernes a navegar las redes sociales, según el estudio “Marcas que marcan” de la Asociación de Ventas y Mercadeo (SME). http://www.noticel.com/noticia/181284/pr-exige-calidad-y-valor-por-dinero-a-la-hora-de-consumir.html Dicho estudio no lo menciona, pero es lógico pensar que esas sobre 50 horas a la semana no se dedican a buscar lo que dicen los candidatos y sí a entretenerse.

Audiencias hastiadas

La semana pasada el diario El Vocero publicó un sondeo que reveló que más de la mitad de los entrevistados (sobre un 52%) dijeron estar apáticos con la política y que no votarían en las próximas elecciones.  Aunque se puede argumentar que el sondeo generó controversia, las cifras apuntan a una realidad en el sentir público. 

La controversia la comenzaron los políticos y los comentaristas en la radio porque el sondeo colocó en un virtual empate a los aspirantes a la gobernación Pedro Pierluisi y Ricardo Rosselló. Pero las críticas también iban porque se trató de un sondeo y no una encuesta, porque no tenía una muestra representativa, y porque el periódico El Vocero no explicó que lo hizo la misma firma que hace las encuestas para Pierluisi.  Pero aun sacando esos argumentos, el hecho de que a más de la mitad de las personas no les interese la política, debería hacer pensar a los que establecen la agenda temática en los medios de comunicación.

Más que eso, ¿por qué los analistas políticos atacaron ese sondeo? Porque es una amenaza para ellos. Demostró que a la gente le apesta la política y ellos viven de mantener el mismo contenido.  El ataque era de supervivencia porque muchos de los llamados analistas políticos en realidad son portavoces de la agenda de su partido o candidato,  y el sondeo reveló que al público ya el tema le repugna.

Sobresaturación de política

Analicemos los números. En la radio AM solamente podemos calcular que se transmiten unas 100 horas de contenido político partidista de lunes a viernes. Esto es si calculamos el horario de 6:00 a.m.-6:00 p.m. en cadenas como WKAQ, Wapa Radio, NotiUno, Radio Isla, WIAC, sin contar con las horas que le dedican emisoras fuertes en sus regiones como WALO o WPAB. El cálculo estimado de 100 horas de política no incluye tampoco que hay emisoras que dedican más horas al día al tema y a que hay políticos que van de emisora en emisora diciendo lo mismo. O sea, repitiendo lo mismo.

Si es un tema controversial o una polémica, los periódicos en su versión online recogen el titular y lo colocan como historia que luego repiten los noticieros en la tarde en la televisión. Es decir, el tema sigue reproduciéndose hasta que empalaga.

Pero el problema es grande porque los que hablan son los mismos políticos y sus portavoces del Partido Popular Democrático y del Partido Nuevo Progresista. Son las mismas voces las que monopolizan e impiden que otras corrientes políticas tengan el mismo tiempo y espacio de contenido.

Si se compara el tiempo y espacio que se dedica a otros partidos políticos minoritarios y a voces alternas, se ve la diferencia. Los medios han caído en la trampa, algunos aduciendo a que electoralmente las minorías políticas no representan sectores importantes de las audiencias y por eso no les dan igual cobertura. Sin embargo, con esto caen en el error de dejarse manipular y que sean los dos partidos mayoritarios los que monopolicen y dicten su agenda.

¿Y qué hace el público?  O cambia de estación a música, ve cable TV o se mete en Internet y no lee el periódico porque está aborrecido del mismo tema, las mismas voces y la misma gente.

Se buscan alternativas

Veamos otro ejemplo. En la televisión tampoco la política acapara la atención. Es el entretenimiento. Mujeres bonitas, narcotraficantes y comedia. El público quiere algo diferente.

La semana pasada el programa que copó las audiencias fue el de la Burbu, Angelique Burgos que se transmitió por Wapa. Según la encuesta que mide las audiencias de televisión, Nielsen, el especial de la simpática presentadora acaparó sobre 17 puntos de audiencia. Hasta la semana pasada, los programas que más sintonizaron según Nielsen fueron Raymond y sus amigos de Telemundo; Ahí está la verdad: confesiones de un criminal de Wapa; ocho de los primeros 10 programas eran relacionados al paso de la tormenta Erika; y los noticieros. (http://www.primerahora.com/entretenimiento/tv/blog/glenn-santana/posts/top50encuestamensualdenielsen%2815deagostoal14deseptiembrede2015%29-1108802/)

Esos números indican que la gente quiere desconectarse de la crisis económica y la agonía que vive el país. Quieren una válvula de escape que no sean los políticos porque son los responsables de la crisis. Por eso ven a la Burbu, por eso vieron dos fines de semana corridos la entrevista al sicario del narcotraficante colombiano Pablo Escobar. Por eso es que se aguantan el programa de la Dra. Ana María Polo, por más absurdo que parezca, y siempre lo colocan entre los de más audiencia.

Pero no es que el público quiera porquerías. El asunto es más complejo. Las audiencias quieren producción local, y la respaldan, pero cuando reciben más de lo mismo, entonces se mueven a buscar otros contenidos. Abandonan al medio para entretenerse en la Internet en plataformas móviles o en la televisión pagada.  Es que la televisión dejó de ser un producto de consumo familiar a ser uno de consumo individual. Antes la familia se reunía en la sala a ver un programa, ahora cada cual tiene un televisor en su cuarto o se conecta a la tableta a ver Netflix o Hulu.

Las mismas voces siempre

Irónicamente, los medios locales se conforman con producir contenidos superficiales porque quieren ganar mayores rendimientos. Producen barato y no invierten en el desarrollo de contenidos. Tienen poco personal, para reducir gastos. Son los mismos pocos reproduciendo el mismo contenido. Es un reciclaje constante de las mismas cosas y las mismas voces que produce hastío. Es como si fuera compañía que envasa el miso producto bajo diferentes marcas y llega el momento en que el cliente se cansa. Las audiencias se empalagan.

Pero no es que el formato político no funcione, es que el político no puede ser el eje. El enfoque tienen que ser los temas sociales, y el político que aporte, que sea fiscalizado o que de contexto, y que no que sea el protagonista. El político tiene que ser el que resuelva, conteste o que se confronte, pero los medios lo siguen poniendo como actor principal. Eso es lo que cansa a las audiencias.

Dos ejemplos. El programa Entre Nosotras de Wapa tiene alto contenido político pero ellos no son protagonistas. Salen cuando tienen que fiscalizar si un alcalde incumplió una obra o para exigirle ayuda a algún ciudadano. Y esto ha probado tener arraigo. Entre otras cosas por eso el programa se ha mantenido al aire en primer lugar por ocho años, porque entretiene a las audiencias en ese horario.

El otro extremo es cuando se usan a los políticos como monos de circo en un espectáculo. Prefieren la gallera entre dos candidatos discutiendo o insultándose al aire, al análisis sosegado y la fiscalización con pruebas. Ver a legisladores como un Georgie Navarro o un Jorge Suárez con El Guitarreño, a medio día por Wapa, es como ver un show del circo de los hermanos Castro.

Alternativas para las audiencias

¿Qué nos quieren decir esas tendencias? Que los partidos y los candidatos tendrán que buscar otras alternativas para comunicar sus mensajes. Tendrán que crear figuras que atraigan y sean capaces de movilizar a los votantes porque los candidatos están leídos. Ya la gente no les come el cuento.

Los políticos tienen que redefinir su proyección porque cada día se parecen más a los pastilleros. A esos anunciantes de informercials de colágeno, fajas milagrosas y pastillas mágicas que abundan la radio am los fines de semana. Todo el mundo sabe que son mentira. En el caso de los pastilleros, cambian de estación, y el público hace lo mismo con los políticos. Los ven como mentirosos diciendo lo mismo. No tienen credibilidad.

Para los medios, estas tendencias representan que deben reconocer que el ambiente está cargado y que hay un disloque entre lo que presentan y lo que la gente quiere. En momentos de crisis, el medio tiene que reinventar su producto para atraer y mantener audiencias.

Y las audiencias son cada vez más sofisticadas. Las audiencias locales están viendo en  Internet  o por cable cómo se hace el análisis político y cómo se aborda el tema de la política no sólo en los Estados Unidos, sino en medios europeos como TV Española, o medios latinoamericanos como el canal colombiano Caracol y canales dominicanos, entre otros. Esa variedad de enfoque y profundidad presentada en formatos altamente entretenidos, la contrastan con lo que se ofrece aquí. Las audiencias exigen calidad y valor por dinero a la hora de consumir productos. Y los medios, son productos. 

NOTA: Esta columna fue publicada originalmente en NotiCel el 30/09/2015 http://www.noticel.com/blog/181443/fo-a-la-politica-por-ahora.html


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