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Tuesday, April 8, 2014

Té de campana


"Este tipo de estrategia en la que se usan temas controversiales como el sexismo o el discrimen, o en las que se incita a la violencia, sigue la misma táctica que usa el gobierno con el país'.

Nos duermen por el igual el ‘mass marketing’, los medios de comunicación, las noticias, los políticos y las empresas. Juntos, prenden todas las pipas con el humo que intoxica, que aboba, que duerme pa’ que no pensemos, pa’ que no actuemos, pa ’que no analicemos. Y cuando despertamos del letargo y nos damos cuenta de lo que hay, nos entra la piquiña, nos entra la ‘depre’ y nos ponemos tristes. Tan tristes como el adicto al crack que cuando le baja la nota se tiene que meter más ‘tecata’. Y nos damos el pasecito, la ‘kryptonita’, ‘la rola’, ‘la caspa del diablo’ y nos da con llorar, nos damos un palo o lo que sea pa’ no pensar, pa’ no sentir, pa’ no actuar. La realidad boricua da pena. En el humo lo importante se esfuma.

Esta semana la bomba de chicle Dentyne Ice explotó en el Tren Urbano. Feministas y las que no lo son se sintieron ofendidas con una campaña bastante sexista y estúpida que lanzó esa firma, incitando a la violencia hacia la mujer, y que entre sus múltiples mensajes decía “No le cedas el asiento, ofrécele tu falda. Ready para cada chance”. Las críticas fueron tan fuertes en las redes sociales que el Departamento de Transportación y Obras Públicas, ordenó remover toda la promoción de Dentyne Ice de los vagones y estaciones del Tren Urbano. Cuando el tema trascendió y fue publicado como noticia en la mayoría de los medios noticiosos, la empresa de distribución Mondelez International se disculpó.

Como ésta hay varias otras campañas sexistas como la de “¿Cuántas de ustedes quieren el maní de Yellow de M&M Mars?”, imagino que pensando en las mujeres solo queremos un maní. Yeah right! Y la campaña de “Vamo’a portarnos mal. Rompe las reglas!” de T-Mobile que usa la canción de Calle 13.

En el caso de Dentyne nunca se dijo quién fue el artista creativo ni en qué estudio de mercado se basó para hacer una campaña tan cargada de prejuicios. Sí se sabe que fue la agencia McCann Ericsson. Y entiendo que aunque sexista y estúpida, fue positiva para el producto. Usó la estrategia Maripily. Como dice mi amiga la empresaria Maripily “que hablen de mal de mí, pero que hablen”. O sea, se basó en el reconocimiento de marca. Es evidente que el presupuesto era limitado a afiches en el Tren Urbano, pero con la controversia pública han puesto a la gente a hablar de la marca. Mercadeo de guerrilla. Y así hicieron mucho ruido con poco presupuesto. Fue la táctica de ‘es mejor pedir perdón que pedir permiso’.

Este tipo de estrategia en la que se usan temas controversiales como el sexismo o el discrimen, o en las que se incita a la violencia, sigue la misma táctica que usa el gobierno con el país. Es la misma técnica de propaganda de los políticos que nos tiran bolas de humo para que nos embobemos, como tecatos, y no nos damos cuenta de que nos están clavando, literalmente, una daga por la espalda.

Pasó esta semana también en el tema de energía eléctrica y la pelea entre el Senado y Fortaleza. Imperó el dime y direte, pero pocos se concentraron en el hecho de que el costo de la electricidad tiene a casi todo el país, o mejor dicho, los que no tienen subsidio, hartos de pagar en exceso. Como si eso fuera poco, el gobierno terminó la semana con el anuncio de que el precio del arroz va a subir. Es otro engaño. Hace más de seis semanas que el precio del arroz había subido, pero por la competencia entre los supermercados nadie se dio cuenta. ¿Qué cosa pretende ocultar el gobierno con la bola de humo del alza en el precio del arroz? La respuesta a esa pregunta la tienen que buscar los periodistas.

Es de esperarse que los publicistas y las empresas copien las técnicas de propaganda para adelantar sus agendas o vender sus productos. En un pueblo dormido, hacen lo que quieran. Así mismo el gobierno nos anestesia en vez de decir lo que hay que hacer para limpiar a este país a sangre fría. Que acepten que hay que botar empleados públicos, cortar agencias y reducir servicios. No hay dinero. No se atreven a decirlo de frente y nos siguen anestesiando. El problema es que llega el momento en que la anestesia ya no sirve y hay que buscar una más fuerte y sigue el ciclo. Mientras tanto, seguimos bebiendo el té de campana

NOTA: Esta columna fue publicada en el diario El Vocero, el 3/25 de 2014 -http://elvocero.com/te-de-campana/ 

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