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Friday, July 29, 2011

Relacionistas vs. periodistas, en mi experiencia

Es respuesta a este artículo http://blog.commpro.biz/prcafe/media-relations/pr-degree-or-newsroom-experience-theres-no-debate-journalists-make-the-best-pr-people/#.Ti1LxbGW7l4.facebook me puse a redactar algo de mi experiencia como ex reportera y actual relacionista...

Relacionistas vs. periodistas

Si bien es cierto que colgué esta nota porque me pareció cierta – idea que aún comparto con la autora – no es menos cierto que coincido con la autora primordialmente en el hecho de que ambas tenemos un contexto del campo del periodismo ya que ejercimos como tal y las destrezas que adquirimos allí nos han ayudado a desempeñarnos mejor como relacionistas.

El venir del periodismo, en mi caso, me ha ayudado a comunicarle a los clientes las necesidades del periodista porque las viví. De esa forma, no me verán promoviendo “mondogos” de cosas que no son pertinentes o noticiosas como desgraciadamente, hacen muchos en el campo de las relaciones públicas y por eso los periodistas los ven con excepticismo.

Sin embargo, aclaro que no suscribo, de hecho, me opongo a la noción de que todos los relacionistas que antes fueron reporteros o periodistas son los mejores en el campo de las relaciones públicas.

Como bien mencionan, donde quiera se cuecen habas.

Como siempre digo, el hecho de que haya políticos pillos no quiere decir que todos sean corruptos. O de que como hay curas pederastas todos son iguales. O como hay casos de pastores religiosos mujeriegos o maltratantes de mujeres u homosexuales de closet, todos son iguales. No señor (o señora). Esto no es así.

Hay periodistas buenos. Buenísmos. Excelentes. Justos. Balanceados. Con un alto sentido de la ética como portaestandarte de su labor y que la búsqueda de la verdad es su objetivo primordial. Pero también los hay corruptos, mediocres, estúpidos, brutos y comprados.

De la misma manera hay relacionistas públicos excelentes. Serios. Éticos. Formales. Profesionales. Pero también están los mediocres. Los payoleros. Los antiéticos. Los que buscan sólo propaganda sin apegarse a la verdad. Los que intentan comprar periodistas. Los cocteleros (como les dice mi amiga Ivelisse Rivera). Los que no saben escribir. Los que faltan consistentemente a la verdad. Los tienen serios conflictos de interés... y así sucesivamente.

Así que quiero aclarar eso primero.

Lo otro que quería exponer es que pienso que la diferencia fundamental entre ser bueno (o aspirar a serlo) y ser un mediocre e inepto tiene su origen en el respeto. El respeto a la profesión que se ejerce, al apego a la verdad y al bien común.

En ese sentido, cuando fui periodista cometí errores, pero nunca tuve el ego para negarlos. Los admitía y rectificaba las notas. Siempre traté a los objetos de la noticia con respeto y por eso hoy, aún muchos de los que fustigué en mi fiscalización, son mis colaboradores, algunos amigos. De hecho, algunos funcionarios públicos que fueron destituidos de sus puestos o incluso que están en la cárcel por cometer actos de corrupción que investigué, al día de hoy mantienen contacto conmigo porque a pesar de que los fiscalizaba, nunca les falté el respeto ni mentí y ellos así lo reconocen. Lamentablemente, veo una tendencia de ciertos periodistas de confundir el ser asertivo y fiscalizador con el ser insultantes y faltar el respeto so color de ser “un periodista agresivo”.

De la misma manera, hay relacionistas que sistemáticamente se convierten en obstaculizadores. Por eso el periodista los ve con recelo.

De hecho, recuerdo que en la sala de redacción de El Nuevo Día, todos los años para la época de fin de año, iniciaba un ejercicio al que luego se unía casi toda la plantilla de reporteros de la redacción: era el listado de los 10 mejores relacionistas en Puerto Rico a base de la forma en que trabajaban con los periodistas. Nos poníamos a pensar en nombres y a contar las razones que los convertían en los mejores. Después hacíamos la lista de los 10 peores relacionistas en Puerto Rico.

Para caer en la lista de los 10 mejores la característica esencial era que el relacionista fuera serio, respetara nuestra función de informar y no obstaculizara. Pueden corroborar con periodistas de la redacción que siempre, pero siempre, en la esa lista de los “Top 10” el número uno o el que estaba siempre entre los primeros tres era Freddy Marrero, quien por años fue director de relaciones públicas de la Autoridad de Energía Eléctrica bajo administraciones del PNP y del PPD. Era y ex excelente.

Otros en esa lista siempre incluían a Gigi de Mier, Maria Estela Cestero, Carmen Judith Vélez, Vivian López, María Eugenia Madrid, María Socorro Rosario, y unos cuantos más.

No voy a decir los nombres de los Top 10 en la lista de los relacionistas “malos”. De hecho, en El Nuevo Día nunca me permitieron publicar un artículo o columna con dicha lista para no ofender a ciertas personas. Tampoco lo hice porque al final, los periodistas no querían quemarse si los mencionaba y yo pensé que yo no era una monitora para estar dándole puntuación ni evaluando las ejecutorias de nadie ya que al final, los “malos” caían por su propio peso. Y créanme que todos los periodistas siempre saben cuáles son los relacionistas que no hacen bien su trabajo.

Irónicamente, entiendo que la mayoría de los relacionistas “buenos” que acaparaban la lista no vienen del campo del periodismo. En ese sentido, sostengo el postulado inicial de que para ser un buen relacionista no se necesita un trasfondo periodístico.

Las relaciones públicas son una función gerencial que exige adiestrarse constantemente, aprender de muchos campos. No es cuestión de “limpiarle la imagen” sino de desarrollar estrategias.

El venir del periodismo, en mi caso, sí me ha ayudado porque siempre me acerco al periodista con respeto y entiendo sus necesidades.

Pero también ha significado muchos retos de ambos lados.

Por una parte, están los compañeros y amigos periodistas. Algunos me dijeron que era valiente porque me fui en un momento en que estaba en la cresta de la ola como profesional del periodismo, y me fui sin contratos en el gobierno o con políticos – postulado que aún hoy, 7 años más tarde, conservo. Quiero ser libre de decir lo que entienda.

Pero otros periodistas me calificaron de “traidora”. Hubo uno que en plena conferencia de prensa me dijo “te fuiste con el lado oscuro”. O sea, que soy Darth Vader.

Igualmente, me he tenido que probar en el gremio de las relaciones públicas porque hubo muchos que criticaron nuestra incursión y hasta llevaron cartas a la Asociación de Relacionistas e incluso a clientes. Por eso no participo de las convenciones de la Asociación y colaboro “desde afuera”. Aunque sí pertenezco al desaparecido Comité de Firmas y favorezco la acreditación compulsoria. De hecho, tomé el curso de acreditación con la Public Relations Society of America, entidad a la que pertenezco, aunque confieso que no lo he terminado. Lo hice por satisfacción personal y porque entiendo que el venir de una sala de redacción me ayudó mucho pero que también necesitaba refrescar lo aprendido en la universidad.

Así las cosas, entiendo que una cosa no excluye la otra.

Creo que uno tiene que prepararse continuamente para hacer bien su función.
Aspiro a que mi trabajo – sea como reportera, como relacionista o como analista – hable por sí solo. Por eso siempre me acerco al trabajo que sea con respeto y seriedad, apegada a la verdad.

Nada, eso pienso.

1 comment:

  1. Gracias por compartir tus experiencias y tu visión de ambas disciplinas. ¡Excelente!

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