![]() |
| Insurrección en el Capitolio en los Estados Unidos de América. |
Hoy, muchos de esos políticos locales están inquietos. No les ha quedado más remedio que criticar lo que pasó en la capital federal, ante la mirada atónita del planeta entero. Los Estados Unidos de Norteamérica se comportó como cualquier país en rebelión interna. No fueron los “pelús” de la Universidad de Puerto Rico ni los comunistas de Cuba o Venezuela. No fueron los “negros acomplejados” como les dicen a los que reclaman derechos. No fueron los nacionalistas boricuas en los años 50. No. Fueron americanos, en su inmensa mayoría neonazis blancos (con uno que otro negro confundido y al menos dos banderas boricuas), quienes tomaron por asalto el Congreso en Washington.
Por eso a algunos de los republicanos que le cargaban la cola y le aplaudían a Trump sus sandeces desde Puerto Rico, no les ha quedado otra que criticarlo, aunque tímidamente. Johnny Méndez, Luis Fortuño y Jennifer González son ejemplos de ello. Las fotos sonriendo y abrazando a Trump, ahora le pesan. Quedan como evidencia del servilismo, de ser boca abajo, todo por rogar dádivas federales o por tener y sentirse con poder ante los boricuas bestiales.

