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Sunday, May 25, 2014

Maripily, el personaje


“No todo tipo de hombre puede con un mujerón como yo”, sentenció, con esa frase lapidaria, el ícono de la belleza tropical, creada, fabricada y sostenida por los medios de comunicación: Maripily.

Es totalmente cierto. El hombre puertorriqueño y muchos latinos no pueden con mujerones como ella. Madre soltera, empresaria, modelo, artista, presentadora, reina de las portadas de revista, dueña por completo de su sexualidad que demuestra sin pudor, motor que da el empujoncito final para lograr la meta de ventas de periódicos y revistas con tan sólo pestañar, es ella el objeto deseado por hombres y mujeres por igual. Es el objeto envidiado por muchas y símbolo de la aspiración de toda una generación del lumpenato local, ese que trasciende escalas sociales pero que a todos les une el mismo deseo, ese sueño de llegar a ser un “Puerto Rico Idol”, una estrella, la próxima Kim Kardashian puertorriqueña.

Ella es ella y sus circunstancias. Con Maripily se rebasa cualquier límite del imaginario de esos que claman “yo soy boricua pa’que tú lo sepas”. Con una pinta de bruta que ella misma alimenta, le dá mano y muñeca a sus críticos más acérrimos porque, a lo Marilyn Monroe, es inteligente y lo suficientemente sagaz como para hacerse la pendeja. Pero María del Pilar Rivera no lo es. Es todo lo contrario.
Maripily demuestra cómo la sociedad puertorriqueña no distingue entre personas y personajes.  Para Puerto Rico es un país que vive del “branding”, de las marcas. Nos educamos por los símbolos que fueron nuestras primeras marcas: Sello Rojo para el arroz, Klim para la leche, Cortés para el chocolate. Así nos educaron, así crecimos y así nos mantienen en el sistema colonial que en gran medida, sostienen los medios de comunicación, cuando nos alejan de pensar en cosas cruciales.

Por eso casi no identificamos a las personas pero sí a los personajes, porque somos un país consumista. Los medios de comunicación contribuyen a esa formación social porque promueven el culto a los “personalities” en vez de a las personas: Don Cholito vs. José Miguel Agrelot, La Comay vs. Kobbo Santarrosa, El Gangster vs. Antonio Sánchez, el Guitarreño vs. Alfonso Alemán. Los medios, en su necesidad de crear consumidores, necesitan vender, y por eso venden y crean personajes usando personas.

En ese sentido, ver a una Maripily que se convierte en el objeto del deseo de los medios, ese personaje que todos quieren cubrir, demuestra que representa para el público los que fue Machuchal en los años 40 y 50 ó lo que fue Iris Chacón en los 70 y 80. En la época moderna, con el pasar del tiempo, y el cambio de valores y de estética, las características de Maripily van con eso. Y los medios la ven como tal representación o la construyen como tal símbolo.

Pero dejar un análisis de Maripily como personaje se queda corto. Ella también representa la sexualidad encarnada. Se ve como símbolo sexual, objeto del deseo, pero ella como una especie de feminista, se libera, controla su imagen y desafía la asignación que le quieren dar imponer. Se emancipa dándole a los medios lo que a ella le dá la gana, lo que ella quiere, aunque sea manteniendo los prejuicios. Ella dicta lo que quiere que hablen de ella. Que si la dejó el novio, que si recuerda al novio muerto mirando a una bombilla, que si el pelotero era el mejor padre para su hijo, que si canceló la boda. Como una Doña Bárbara moderna, el personaje Maripily va devorando hombres a su paso, y produciendo contenido para los medios.

Todo es un chisme que ella misma crea, alimenta y produce para los medios que lo reproducen para sus respectivos negocios de vender personajes al público consumidor. Entonces, ¿Quién domina a quién? ¿El medio a Maripily o Maripily a los medios?

“Nadie puede decir que vivo de un hombre porque mi casa la compre cash y me lo traje a vivir conmigo. ¿Que pagaba él? La compra”, dijo Maripily al contar por qué canceló la boda con un empresario radial, demostrando que ella es la que controla. Ella produce el dinero y ella manda. En ese sentido, demuestra que sí, ella es demasiada mujer para el típico macho latino que no aguanta una mujer poderosa. Como pasa con muchas madres jefas de familia, el macho no puede con ellas y no aguanta el tener que reconocer su incapacidad, su subordinación económica y de intelecto ante mujeres poderosas.

En un Puerto Rico desmoralizado, enajenado y enfermo socialmente, Maripily nos dá en la cara diciéndonos que nuestra sociedad es hipócrita y no acepta mujeres liberadas. Somos una colonia en todo el sentido de la palabra y no sabemos distinguir entre personas y personajes.


Publicado en El Vocero - 5-20-14 - http://elvocero.com/maripily-el-personaje/

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