En Bellas Artes, la música cubana sonó con corazón
boricua y un elenco soberbio, con Choco Orta y Cherry Torres al frente, convirtió
la noche en una catarsis colectiva
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| Fotos de Buena Vista Social Club para el Centro de Bellas Artes, fotos por Javier Del Valle |
Publicado en Substack
Por Sandra
D. Rodríguez Cotto
Decir que la
puesta en escena en San Juan de Buena Vista Social Club fue buena llena
la cuota. Se cumple con decirlo, pero una se queda corta. Si se habla con
honestidad, hay que decir que fue muchísimo más que eso. Puerto Rico es el
único lugar donde la música suena de verdad, con los colores y con el peso que
corresponde, con el honor y el prestigio que significa representar a un pueblo
hermano, a unos artistas hermanos, a una sociedad de la que la política y la
historia han pretendido separarnos sin lograrlo. Las dos alas del mismo pájaro,
como diría Lola Rodríguez de Tió, jamás se pueden separar. Por eso la puesta en
escena de este importante musical en Puerto Rico toma matices diferentes.
Únicos. Especiales. Mejor que Nueva York, sin duda.
Aquí no había
acentos ni interpretaciones. Aquí había corazón. Había honestidad. Verdad en
todo. Latía como si la historia de los cubanos fuera la nuestra, porque en
esencia lo es.
En las cinco ocasiones en que los miembros de Buena Vista Social Club pisaron tierra boricua para
presentarse en el pasado, los de aquí lo sintieron. Pues el sábado, en el
Centro de Bellas Artes de San Juan, se puede decir que los actores boricuas transmitieron
tan bien a los personajes cubanos, que se transformaron, como si fueran ellos
mismos. Una misma sangre, un mismo sentir. Así de excelente fue la puesta en
escena.