Una decisión médica se convirtió en juicio moral. Pero el verdadero escándalo no es lo que hizo la congresista de origen boricua, sino que no todas las mujeres pueden hacerlo

Alexandria Ocasio-Cortez (Facebook page)
Publicado en Substack
Hay algo profundamente hipócrita en la manera en que esta sociedad habla de las mujeres y de la maternidad.
Cuando una mujer decide tener hijos, le
preguntan si podrá combinar la maternidad con su carrera. Cuando decide esperar
unos años y dedicarlos a mejorar profesionalmente, le dicen que se le está
pasando el tiempo. Que se pone vieja y cuando quiera tenerlos, se le hará
difícil. Cuando decide no tenerlos, la llaman egoísta. Y cuando decide congelar
sus óvulos para conservar una posibilidad futura, también aparecen los jueces,
los moralistas y los jueces de turno. Eso acaba
de pasarle a Alexandria
Ocasio-Cortez.
La congresista estadounidense de origen
boricua, de 36 años, decidió congelar sus óvulos y tuvo “la babilla” – por no decir
los ovarios en su sitio, — de contar públicamente el proceso. Dijo que llevaba
tiempo considerándolo y que tomó esa decisión para sentir que tenía mayor
control sobre su vida. Y entonces apareció la jauría.
Desde sectores conservadores y del
movimiento MAGA llegaron las críticas habituales: que está desafiando la
naturaleza, que está promoviendo una falsa idea de que las mujeres pueden
posponer indefinidamente la maternidad, que está poniendo la carrera por encima
de la familia.
Qué curioso. Cuando un hombre dedica décadas a construir una carrera política, empresarial o profesional antes de pensar en tener hijos, nadie se escandaliza. Se le llama visionario. A una mujer ambiciosa, en cambio, se le exige que rinda cuentas sobre su matriz. Se le pregunta: "¿Y los hijos?".Ahí está la trampa.