La rotura del Superacueducto expone la incompetencia y la desinformación oficial; La crisis del agua no es un accidente: es el resultado de años de negligencia e impunidad gubernamental
Puerto Rico vuelve a enfrentar una crisis que desnuda la fragilidad del país y la incompetencia de quienes lo gobiernan: la rotura del Superacueducto amenaza con dejar a miles sin agua y la información oficial es confusa, insuficiente y tardía. No hay cronogramas claros, planes de contingencia serios ni transparencia. Solo excusas, improvisación y desprecio por la gente, especialmente por quienes dirigen la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados.
Hoy, pueblos como Manatí, Vega Alta, Dorado, Barceloneta, Morovis, Vega Baja, Caguas, Gurabo, Juncos, San Juan, Trujillo Alto, Carolina, Loíza, Bayamón y Guaynabo enfrentan la incertidumbre. Se anuncian “oasis” con camiones bomba, pero sin detallar dónde ni cómo servirán. Mientras tanto, hogares, hospitales, escuelas y negocios dependen del agua para sobrevivir.
¿Y quién protege a los envejecientes, a las personas encamadas, a las madres que necesitan agua para alimentar y bañar a sus hijos, a los pacientes de hospitales, a las escuelas, a los pequeños negocios que dependen del agua para operar? Nadie. Porque este gobierno solo responde cuando es tema de campaña, pero desaparece cuando toca trabajar con responsabilidad y decir la verdad.

