

Mientras en Puerto Rico estamos hoy atentos a las lluvias y posibles inundaciones que supuestamente podría traer la onda tropical o el huracán Emily, poco se está analizando del impacto que tendrá aquí el huracán que se vive en los Estados Unidos por el tema del límite de la deuda federal.
Aunque llegaron a un acuerdo en el Congreso, los analistas financieros en los mercados globales coinciden en que esto se pospuso para octubre, lo que significa que en un futuro cercano, la calificación del crédito de los Estados Unidos será rebajada y subirán las tasas de interés. Sin la capacidad de pedir prestado, el gobierno federal no tendrá más remedio que recortar los pagos que está obligado a hacer al 40 por ciento de forma inmediata.
Ya se sabe que esto pondrá en peligro a los beneficios del Seguro Social, pagos para militares en servicio activo, los pagos al Medicare y Medicaid, y todas las otras actividades federales, desde agencias policiacas a la educación hasta la salud. La prensa norteamericana ha venido publicando que la economía estadounidense nuevamente se hundirá rápidamente a una recesión si el gobierno federal es incapaz de satisfacer una parte importante de estas obligaciones y que esta pesadilla afectará a todos los estadounidenses de costa a costa.
Pero el verdadero detalle de qué programas serán recortados, cuánto le quitarán a cada estado y territorio, y cuáles serán las poblaciones más amenazadas no se ha dicho. Poco se sabe del detalle, y esto nos debería preocupar más en Puerto Rico donde vivimos una recesión económica.
Esa invisibilidad sobre las partidas a recortar y a quiénes impactará es algo que la prensa en los Estados Unidos aún no analiza en detalle. No le han puesto una cara a esos recortes allá, y acá en Puerto Rico, es prácticamente un misterio.