(NOTA: Esta columna fue publicada originalmente en NotiCel el domingo, 14 de julio de 2019 https://www.noticel.com/opiniones/blogs/en-blanco-y-negro-con-sandra/el-chat-valida-el-chayoteo/1095025354)
El famoso chat del #TelegramGate validó el chayoteo en su máxima expresión. Corroboró que existe esa práctica de cómo se entremezcla el poder político con lo que difunden y publican ciertas empresas mediáticas para manipular, engañar al pueblo y mantener las narrativas que beneficien al gobierno. Esto se hace a cambio de favores, dinero o pautas publicitarias.
A lo largo de sus 889 páginas del chat se vio cómo desde el gobierno dictaban qué cosa se convierte en noticia, qué pregunta los periodistas van a formular en ruedas de prensa, cómo van a atacar a la oposición y hasta cuáles van a ser las portadas en ciertos periódicos.
Si la prensa y el medio aceptaron venderse y hacer chayoteo, eso está por verse. Como también es innegable que las reputaciones de algunos periodistas siempre permanecerán intachables a pesar de lo que los funcionarios digan, pero es innegable que algo endémico en el ecosistema de los medios ocurría. Ese es el gran problema. Muy pocos nos hemos atrevido a denunciarlo, con los riesgos que esto conlleva, pero había y siempre hay que hacerlo. El público merece saber la verdad. Solo así puede llegar a sus propias conclusiones.
Hay cinco instancias principales del chat en las que se vio como el gobierno dictó o pretendió determinar qué sería lo que iban a comunicar medios como El Vocero, El Nuevo Día, Foro Noticioso Univisión. Incluso señalan a veteranos periodistas como Rubén Sánchez y Celia Hernández.





