Una legislación que se discutirá esta semana trae un tema escabroso para los políticos que no quieren tocar ni con una vara larga, pero que afecta a tanta gente: el racismo en Puerto Rico
Esta semana el pelo malo será noticia.
Se suele atribuir ese adjetivo despectivo para asociar al pelo rizo, kinky
o al afro con todo lo que sean valores negativos o como dice el Diccionario de
la Real Academia Española, para describir “lo malo” en todo aquello que sea
“nocivo para la salud”. En realidad, no
hay pelos malos o buenos de por sí. Bueno, quizás el único pelo malo realmente
es el de los calvos, que por ser malo o débil, se les cayó, pero nada más. El
pelo rizo o lacio u ondulado no es mejor ni peor, son sólo distintos.
El problema con el pelo es que carga un peso importante en las sociedades racistas y Puerto Rico, aunque no lo querremos admitir, es una sociedad racista. Aquí se ve a un negro con afro o trencitas entrar en una tienda, y rápidamente la gente se agarran las carteras, se mueven y piensan ‘o me vienen a asaltar o es un reguetonero’. Si es una mujer con afro o con el pelo rizo que ya no se alisa, se le mira de dos formas también. Dicen que no se peinó y parece un pasurín, o lo ven como algo exótico, misterioso y hasta sexual. No hay términos medios. El pelo es una de las manifestaciones más fuertes con las que se sufre el racismo y la marginación.
Un ejemplo de esto lo vio el país entero que se la pasó comentando el pelo rizo de Tata Charbonier, y compartía miles de memes y burlas en las redes sociales con fotos en las que salía como legisladora o al lado del gobernador con su pelo estirado, y como acusada federal con su “look” natural. Se asociaba el pelo rizo que exhibió en el juicio, como si fuera pobreza o corrupción.
El pelo es uno de esos resabios viscerales que demuestra la falta de un proyecto colectivo como pueblo. Atacar, burlarse, criticar o señalar el cabello de una persona – sea estudiante, trabajador, periodista o hasta una política en un proceso judicial – es una manera en que la sociedad manda a “controlar” a los negros para que no se salgan del redil. Que permanezcamos cabizbajos, temiendo acciones, sin pelear o cuestionar mucho para que todo siga “normal”. Pero ¿qué es lo normal? Pues lo normal para muchos es tener que enfrentar un racismo sistémico que empieza desde el pelo y cómo se peinan para ir a las escuelas o a los trabajo.
