Periodista independiente en Puerto Rico

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Monday, January 22, 2024

#MiCabelloEsMiCorona: Pelo malo, racismo vigente (COLUMNA)

Una legislación que se discutirá esta semana trae un tema escabroso para los políticos que no quieren tocar ni con una vara larga, pero que afecta a tanta gente: el racismo en Puerto Rico



Esta semana el pelo malo será noticia. Se suele atribuir ese adjetivo despectivo para asociar al pelo rizo, kinky o al afro con todo lo que sean valores negativos o como dice el Diccionario de la Real Academia Española, para describir “lo malo” en todo aquello que sea “nocivo para la salud”.  En realidad, no hay pelos malos o buenos de por sí. Bueno, quizás el único pelo malo realmente es el de los calvos, que por ser malo o débil, se les cayó, pero nada más. El pelo rizo o lacio u ondulado no es mejor ni peor, son sólo distintos.

El problema con el pelo es que carga un peso importante en las sociedades racistas y Puerto Rico, aunque no lo querremos admitir, es una sociedad racista. Aquí se ve a un negro con afro o trencitas entrar en una tienda, y rápidamente la gente se agarran las carteras, se mueven y piensan ‘o me vienen a asaltar o es un reguetonero’. Si es una mujer con afro o con el pelo rizo que ya no se alisa, se le mira de dos formas también. Dicen que no se peinó y parece un pasurín, o lo ven como algo exótico, misterioso y hasta sexual. No hay términos medios. El pelo es una de las manifestaciones más fuertes con las que se sufre el racismo y la marginación.

Un ejemplo de esto lo vio el país entero que se la pasó comentando el pelo rizo de Tata Charbonier, y compartía miles de memes y burlas en las redes sociales con fotos en las que salía como legisladora o al lado del gobernador con su pelo estirado, y como acusada federal con su “look” natural. Se asociaba el pelo rizo que exhibió en el juicio, como si fuera pobreza o corrupción.  

El pelo es uno de esos resabios viscerales que demuestra la falta de un proyecto colectivo como pueblo. Atacar, burlarse, criticar o señalar el cabello de una persona – sea estudiante, trabajador, periodista o hasta una política en un proceso judicial – es una manera en que la sociedad manda a “controlar” a los negros para que no se salgan del redil. Que permanezcamos cabizbajos, temiendo acciones, sin pelear o cuestionar mucho para que todo siga “normal”. Pero ¿qué es lo normal? Pues lo normal para muchos es tener que enfrentar un racismo sistémico que empieza desde el pelo y cómo se peinan para ir a las escuelas o a los trabajo.