Una foto en la que aparece el presidente de la
Asociación de Periodistas de Puerto Rico, Rafael Lenín López, junto al
candidato a la gobernación por el Partido Popular Democrático, el senador
Alejandro García Padilla, ha puesto nuevamente de manifiesto la relación
intrínseca que hay entre los políticos y los periodistas en este país.
Por un lado,
los estadistas y fanáticos políticos han salido a criticar y hacer listados de
“periodistas populetes” o independentistas, o cualquier otros epíteto, un
intento burdo de iniciar un carpeteo contra aquellos que tienen ideologías
distintas, y olvidando las decenas de periodistas estadistas en la misma
situación. Por otro, están los que hablan de los periodistas que abandonan el
campo para incursionar en el gobierno. Y por otro, se trae por los pelos la
falacia de la objetividad en el periodismo, las líneas editoriales y las
agendas, así como la transparencia en el proceso.
Tres cosas
tengo que decir de entrada sobre este asunto. La primera, que un buen
periodista tiene que tener relaciones con mucha gente. Mientras más relaciones
tenga, mucho mejor, porque se entera de cosas que le ayudan en su ejercicio de
fiscalización, de reportar y de informar. Le ayuda también a corroborar.
Lo segundo,
que muchos de los que critican la foto no son periodistas sino fanáticos
políticos, y los que han trabajado en algún medio, nunca lo han hecho como
reportero. No es lo mismo ser un reportero en la calle, que tiene relación a
diaria y directa con los políticos con los que muchas veces establecen amistad,
que ser un columnista o editor que sólo de vez en cuando tiene contactos con
los políticos.
Y la tercera,
que la ética del periodista no se mide por las relaciones que éste tenga sino
por la manera en que ejerce su función. No importa si está casado con un
político y cubre ese partido, o si es gay y favorece los matrimonios entre
personas del mismo género, o si es religioso y no cree en el aborto. Lo
importante es que sus creencias personales o ideologías no afecten su función
informativa. Si el periodista es ético y fiel a su responsabilidad, el servicio
que le da al país es válido. En ese sentido, hay que distinguir los periodistas
ecuánimes y tratan de ser justos en su cobertura, incluyendo todos los puntos
de vista, de aquellos que tienen una agenda personal y la dejan ver en su
trabajo.