Carrera contra el tiempo de New Fortress Energy para salvarse de la quiebra, con el apoyo del gobierno de Jenniffer González y que los puertorriqueños paguen por 50 años
Anoche cayó otra pieza en el peligroso juego de ajedrez de New Fortress Energy, los bonistas y los gobiernos de Estados Unidos y Puerto Rico. El despido de Andrew G. Biggs de la Junta de Control Fiscal acaparó la atención, ocultando las verdaderas y peligrosas movidas en el juego de ajedrez que se ha convertido el presente y futuro de Puerto Rico.
Lo que de verdad hay detrás de todos estos cambios es la carrera contra el tiempo de New Fortress Energy para que los puertorriqueños empeñen su futuro económico, paguen por los próximos 50 años y salven a la empresa su devastadora quiebra. Todo esto se hace con el aval del gobierno de Donald Trump y de la administración de Jennifer González.
Es, en realidad una carrera contra el tiempo. Mientras la atención pública y la prensa sólo hablan de serie de conciertos de Bad Bunny o de los horrorosos asesinatos que no se detienen en los últimos días, New Fortress Energy ha estado haciendo sus movidas. Se apresuran para lograr dar el tumbe a Puerto Rico.
Fuentes de EN BLANCO Y NEGRO CON SANDRA allegadas a la “3PPo” Oficina Independendiente de Adquisisiones (Third-Party Procurement Office o 3PPO) confirmaron que el gobierno de Puerto Rico ha reanudado negociaciones con New Fortress por el contrato a largo plazo de suplido de gas metano (que ellos llaman “gas natural”). El contrato es estimado en $20,000 millones por los próximos 10 años. Este fue el mismo contrato que recientemente canceló la ahora casi extinta Junta de Control Fiscal.
Afirman, además, que es cuestión de horas o pocos días para que New Fortress vuelva a echar mano del cotizado contrato, borrando de golpe y porrazo toda posibilidad para Puerto Rico de hacerse de un suplidor de gas metano confiable y más competitivo.
La movida de desesperación de New Fortress para forzar la reanudación de las negociaciones por el contrato de $20,000 millones, se da justo después del desmantelamiento de la JCF por parte de Casa Blanca, que la ha dejado prácticamente inoperante con uno solo de sus siete miembros originales.



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