Periodista independiente en Puerto Rico

Showing posts with label Calidad de vida. huracán. Show all posts
Showing posts with label Calidad de vida. huracán. Show all posts

Sunday, August 17, 2025

El alma de un pueblo que no se apaga: ¿Por qué aguantamos tanto?

 El paso cercano del huracán Erin nos hace pensar en esa pregunta casi existencial de los puertorriqueños: ¿Por qué aguantamos tanto?

Afuera, el cielo gris oscuro, el viento y ese frío que provoca nos eriza los vellos y hiela los huesos. En las noticias vemos que esos vientos aúllan un nombre de esos raros, Erin. Así los meteorólogos han llamado a este nuevo huracán que oscila entre las categorías 4 y 5, que como quiera que sea, es poderoso y peligroso.

La sombra de ese monstruo es suficiente para despertar a los fantasmas de otra bestia del año 2017, el huracán María. Con cada ráfaga de frío viento, con cada gota de lluvia que golpea el cristal, regresa el recuerdo de la oscuridad, del silencio atronador que nos envolvió, de la vida suspendida en un hilo. La humedad se vuelve asfixiante, y en el parpadeo de una bombilla, se concentra toda nuestra ansiedad. ¿Volverá a irse la luz? ¿Por cuánto tiempo?

Hay un zumbido que divide a Puerto Rico en dos mundos cuando la red eléctrica colapsa. Es el sonido de los generadores, la banda sonora de los que pueden comprar un poco de normalidad. Para ellos, la vida sigue, un poco más ruidosa, un poco más costosa.

Sunday, June 3, 2018

Descansen en paz

Zapatos de muertos durante el huracán María (foto por CNN)

(NOTA: Esta columna fue publicada originalmente por NotiCel el 3 de junio de 2018 - http://www.noticel.com/opiniones/blogs/en-blanco-y-negro-con-sandra/descansen-en-paz/748507647)

Una lúgubre noche después del huracán María el alcalde de Toa Baja, “Betito” Márquez, llegó hasta el estudio de Wapa Radio en aquella cobertura especial cuando no había luz en ningún sitio y me dijo: “Hay muchos muertos”. “¿Cómo cuántos?”, le pregunté y él me dijo: “Creo que van entre ocho a 10. Yo vi gente aguantadas de las verjas para que el golpe del agua no se los llevara arrastrados, había gente encamada que se quedaron durmiendo y el agua los cubrió. Son muchos muertos. Sí, son muchos muertos”, me respondió, resistiendo, pero sus ojos lo delataban. Brillaban como los de alguien que había llorado momentos antes. Me vi reflejada en ellos. Era esa misma mirada que veía en tanta gente que llegaba de todas partes de Puerto Rico contando la tragedia que nos tocó vivir a todos.
La mañana siguiente llegaron unas gemelas y les contaron a los periodistas que estaban en ese momento al aire, encabezados por Wilda Rodríguez, que querían informar por las ondas radiales a los demás familiares que su padre había muerto porque no llegó la máquina de oxígeno a tiempo.
Por la tarde me enteré de uno de esos cuentos que todavía me estruja el alma. Uno de mis mejores amigos que es parte de mi familia, José Fidalgo, pasó el huracán en la casa de sus papás en la urbanización Villa Nevares, cerquita del Centro Médico. Sus papás estaban viejitos y todo el estrés del ruido de los vientos los tenían nerviosos. Fue tan fuerte que su padre no resistió. Falleció de un infarto fulminante. José y su mamá tuvieron que lidiar con el escalofriante dolor de tener a su padre fallecido en plena casa, durante el huracán. Después, estuvo varios días hasta que lograron sacarlo. Él, su hermana María, a quien quiero mucho, al igual que toda la familia, todavía no superan su partida.
A los pocos días, como a eso de las tres de la mañana, estaba al aire en la emisora con la periodista Ada Jitza Cortés, cuando de pronto llegó una de esas personalidades de la historia del baloncesto en Puerto Rico, Diego Meléndez, hermano del famoso coach del equipo nacional, Flor Meléndez. Con sus más de seis pies de impresionante altura y esa voz grave de tenor, Diego llegó y empezó a llorar acongojado. Desconsolado, gemía. Ver a un hombre tan alto y fuerte llorando, conmueve a cualquiera. En medio de su ataque de llanto nos contó que, en esas noches oscuras sin luz, su hija de 36 años comenzó a convulsar y se resbaló, cayendo al piso. Se golpeó la nuca. Su familia estaba en otras partes de la casa y no se enteraron hasta un rato más tarde, porque la llamaban, pero ella no contestaba. Le dieron respiración boca a boca, pero nada. Intentaron revivirla, pero no pudieron. Lucharon por salir de su casa en Canóvanas, pero los árboles en el medio y el río crecido les impedían salir de la carretera. Ella murió. El llanto de Diego Meléndez jamás lo voy a olvidar.

Monday, January 8, 2018

Calidad de Vida

(NOTA: Esta columna fue la primera del 2018 en NotiCel. Se publicó el 2 de enero - 
http://www.noticel.com/opiniones/calidad-de-vida/680570333 )


Con el nuevo año muchos se estarán planteando la idea de irse de Puerto Rico a buscar una mejor calidad de vida. Calidad de vida. Esa es la idea, el sueño que a veces se logra encontrar y muchas más no. La mayoría de los que se van de aquí nunca la encuentran, porque no se les hace real a menos que cambien sus metas. Otros, fingen tenerla, pero si se miran bien, tienen que admitir que no la encontraron nunca.


¿Y qué es calidad de vida para los puertorriqueños? El otro día conversaba con mi amigo Bernardo y su esposa y los tres coincidimos en que, para ciertas personas, se reduce a tener dinero, comida y tranquilidad. Para muchos significa guiar por carreteras lisas sin cráteres, como las que hay en los grandes expresos en los Estados Unidos, y llevar a sus hijos a escuelas lindas con facilidades modernas. Para otros es tener trabajo y no escuchar tiros a lo lejos. O no tener que hacer filas de horas largas para encontrar gasolina como le pasa a los viequenses, o simplemente tener electricidad, algo que todavía hoy carece más de la mitad de la población puertorriqueña. Pero si miramos bien vemos otras realidades.

Si calidad de vida representa tener que dejar de ser lo que se es, pues entonces, esa calidad de vida no es para mí.