Se han destruido humedales, playas, bosques y reservas naturales en todo el archipiélago. La zona oeste es la más perjudicada con 8 de 26 casos en total.
Por Sandra Rodríguez Cotto y Marcos Pérez Ramírez
Especial para EyBoricua
Los primeros seis meses del 2022 dan cuenta del aumento súbito en los crímenes contra la naturaleza y sus comunidades vecinas que causan daños casi irreparables a playas, bosques, humedales, llanos, cuevas y ríos y que dejan una estela de desesperanza humana por todo el archipiélago de Puerto Rico. En lo que va de año se han cometido más de 4 crímenes ecológicos al mes.
¡Ey! Boricua ha reportado varias pesquisas sobre casos que se convierten en el eje del debate público por el impacto ecológico y humano que representan, tales como la construcción de una piscina en el edificio Sol y Playa en Rincón, el relleno de mangles en la reserva Playa Jobos en Salinas, la venta de terrenos del bosque Las Mesas en Mayagüez, la construcción ilegal sobre la cueva Las Golondrinas en Aguadilla, la construcción de un hotel sobre un humedal en Luquillo y la apropiación de terrenos de dominio público en Joyuda, en Cabo Rojo. Pero éstos no son los únicos. Hay muchos más.
Estas agresiones a la naturaleza son posibles debido a una política pública laxa que facilita vender terrenos y aprovecharse de la burbuja del “real estate”; ventas inescrupulosas de realtors que promueven playas ´privadas´ que no existen en Puerto Rico; la gentrificación y desplazamiento de las comunidades originales; la corrupción descomunal en agencias como el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA); la lentitud de agencias federales como la Agencia de Protección Ambiental (EPA); y las violaciones de ley al intentar cambiar los reglamentos, como es el caso del Reglamento Conjunto 2022 de la Junta de Planificación. ¡Ey! Boricua reveló en exclusiva las 932 páginas de ese reglamento en abril.



