La quiebra de Puerto Rico va más allá del impacto económico o de la
operación del gobierno. Tiene que ver con nuestro sistema político,
porque detrás de la bancarrota del ELA, está la quiebra de la oposición.
Y ese es el mensaje que se comunica al país: la oposición no existe
porque también está quebrada.
Al analizar cómo operan y actúan los que deberían estar fiscalizando
la administración de Alejandro García Padilla, se llega a la conclusión
de que en este país no existe oposición. Al menos, no estructurada,
como debería ser en una democracia.
Ni los partidos políticos de
minoría ni la llamada sociedad civil fiscalizan como se esperaría en la
crisis económica actual. Por el contrario, actúan a conveniencia,
guardando silencio en momentos claves, manteniéndose ausentes ante la
opinión pública, sin fiscalizar o dando escasas sugerencias para
enfrentar la crisis fiscal.

