![]() |
| Fue un honor conocer a la jueza asociada del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Sonia Sotomayor. |
“Ella es Sandra, de la que le hablé”, le dijo Mayra Santos Febres acercándose a su oído cuando me la presentó. Yo iba contenta a conocer la jueza asociada del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, Sonia Sotomayor, y lo menos que me imaginaba era lo que ella me diría segundos después de esa presentación. Absorta en mis pensamientos la miré.
La jueza entonces me miró, y sonrió de oreja a
oreja. Se acercó, extendió sus brazos y
me abrazó fuerte. Después me dio un beso en el cachete derecho y me dijo: “Gracias
Sandra. A nombre de toda mi familia, te doy las gracias. Mi familia de San Juan
y la de Mayagüez. Ellos te escucharon a ti y a los demás en la radio durante
todas esas noches y todos esos días que estuvieron en la radio y fueron su compañía”.
Yo, simplemente, no supe qué decir. La abracé y
empecé a llorar, porque todo el que me conoce sabe que cuando me emociono de
verdad, lloro. Sé que es algo que debo cambiar, pero siempre he sido así.
“Su señoría”, le dije. “Llámame Sonia”, me respondió.
Y yo, sin saber cómo dirigirme a ella, le contesté con lágrimas cayendo de mis
ojos y el pecho apretado: “Muchas gracias. Fue un trabajo en equipo de mucha,
mucha gente, que llegaron hasta la emisora como hice yo, y estuvimos allí de
voluntarios tratando de ayudar como podíamos”.
“Hicieron mucho por este pueblo. Muchas gracias
a nombre de Puerto Rico”, me dijo la jueza Sotomayor. Yo, que había llevado una copia del libro
porque al salir en la mañana de casa viré a buscarlo pensando en que quizás podría
dárselo, se lo entregué. Le conté que había tratado de incluir algunas de las
anécdotas que más me impactaron de esos meses en la Cadena Wapa Radio.
