En un
Puerto Rico que camina hacia el 2026, una maquinaria política y corporativa
busca imponer el silencio, desmantelando la fiscalización para gobernar en la
impunidad de las sombras.
Puerto Rico se acerca a
despedir el 2025 no con la esperanza de un nuevo comienzo, sino bajo la sombra
de un asedio. Mientras nos preparamos para recibir el 2026, la democracia
puertorriqueña enfrenta una amenaza existencial que no proviene de huracanes ni
terremotos, sino de los pasillos del poder y las oficinas corporativas: una
campaña sistemática y sin precedentes para silenciar al periodismo
independiente e investigativo.
No es paranoia, es la realidad
operativa del país hoy. Lo que estamos viviendo es una guerra real para que la
gente no se entere.
La censura corporativa y el fin de los espacios masivos
La señal más burda de esta
ofensiva ha sido la cancelación ayer del programa de periodismo investigativo "Cuarto
Poder" de Jay Fonseca en Wapa TV. Eliminar uno de los pocos bastiones
de fiscalización en la televisión abierta no es una decisión meramente
comercial; es un mensaje. Envía la advertencia de que la investigación profunda
es incómoda para los intereses que financian los medios corporativos.
Al sacar del aire estos espacios, se pavimenta el camino para la dictadura del "periodismo light": esa estrategia concertada entre publicistas y medios para inundar las ondas con trivialidades, farándula y relaciones públicas disfrazadas de noticias, mientras el país se cae a pedazos por la corrupción.


