Trump redibuja el mapa a la
fuerza. Puerto Rico cae en el nuevo orden del 2026: una colonia reactivada para
la guerra y para el control del hemisferio.
El mundo despertó hoy con un estruendo que no venía de los fuegos
artificiales de año nuevo, sino de los misiles de la "Operación Absolute Resolve". En una maniobra que parece sacada de una película de acción de
los ochenta, Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, trasladándolos como trofeos de guerra desde Caracas hasta suelo
estadounidense, con una cínica escala técnica en Puerto Rico.
No es solo un movimiento
logístico; es una bofetada ilegal en el rostro de toda la región, utilizando a nuestra Isla como
el muelle de descarga de un imperio que ha decidido, finalmente, quitarse la
máscara que alguna vez dijo ser diplomática.
Desde su mansión en Mar-a-Lago, Donald Trump no solo anunció la caída
del chavismo, sino que desempolvó una versión esterilizada —pero mucho más
agresiva— de la Doctrina Monroe, pero esta vez no viene a pedir
permiso sino a cobrar facturas. Ya no se trata de "América para los
americanos", sino de "El hemisferio bajo mi bota". Con la
mirada puesta en México, Colombia y Brasil, el discurso es claro: cualquier país que sea
etiquetado como "refugio del narcotráfico" es un objetivo potencial.
Pero la hipocresía es el plato principal de esta nueva geopolítica. Mientras Trump se viste de cruzado contra el narco para justificar la invasión a Venezuela, hace apenas unas semanas otorgó un indulto total a Juan Orlando Hernández. Sí, el mismo expresidente de Honduras condenado por convertir a su país en un narcoestado y traficar al menos 400 toneladas de cocaína a los Estados Unidos. El mensaje es transparente: el narcotráfico solo es un crimen si no eres un aliado útil o si tienes petróleo bajo tus pies.


