Mucho se ha hablado sobre
las designaciones en el gobierno por lealtades partidistas, ideológicas y
favores personales de esta semana, pero el atornillar a los amigos en puestos
claves no es nada nuevo. Ha sucedido en todas las administraciones. Lo nuevo es
que la gente está cansada y ya no lo tolera. Indigna también el saber que una
persona no electa y rechazada por su propio partido, como la incumbente Wanda
Vázquez, esté controlando el espacio público incluso hasta después que salga del
poder. Lo hará si logra ubicar a sus
leales en puestos permanentes y a largo plazo.
