No todo puede ser crítica. Aplausos de pie al Municipio de San Juan y al alcalde Miguel Romero por acercar el teatro al público. Este es el ejemplo que otros municipios deben emular.
Por
Sandra D. Rodríguez Cotto
No sé debajo de qué piedra estuve escondida por tanto tiempo que nunca había ido a ver una pieza en Teatro en 15. ¿Cómo es posible que nunca hubiera ido a Teatro en 15? No sé si fue el ruido mediático que lo invisibiliza o si falta un megáfono más grande para promocionarlo, pero lo que sucede en el corazón de la Calle San Sebastián es, sencillamente, una maravilla.
El Departamento de Arte y Cultura de San Juan lleva cinco años cultivando una joya que respira en una de las casas más emblemáticas de la ciudad amurallada.
Lloré, me reí a carcajadas, reflexioné y vibré con cada actuación y con las piezas maravillosamente escritas y dirigidas. No tienen nada que envidiarle a los "grandes" escenarios del país; al contrario, aquí la cercanía lo vuelve todo más visceral. Sacude el alma.
La dinámica es fascinante: vas de sala en sala, cambiando de universo cada cuarto de hora. Es intenso, es ágil y es adictivo. Aunque el formato permite ver hasta seis piezas, en mi visita disfrutamos cuatro (dos estaban suspendidas), y salimos todos con el espíritu encendido y gratamente sorprendidos.
Manchild Dilema
De todas las piezas, tengo que empezar por la que me emocionó hasta los huesos: “Manchild Dilema: A Nuyorican monologue en Spanglish”. Lo que hace Indio Meléndez sobre el escenario no es solo actuar; es canalizar una herida abierta.
Hombres necios
En la Sala 5 me encontré con una
pieza que me sacudió desde el primer segundo: “Hombres necios”.
Confieso que las lágrimas me ganaron desde el principio. Ver a estos tres
actores en escena fue enfrentarse a una verdad dolorosa y eterna: cómo la
sociedad, sin importar el siglo, siempre busca silenciar a la mujer que piensa,
que cuestiona y que opina.
Esta es una magistral síntesis
de 15 minutos de la obra “La secreta amistad de Sor Juana y Dorotea”, de
Guillermo Schmidhuber de la Mora. Bajo una dirección magistral de José Armando
Santos —quien además demuestra su versatilidad interpretando varios
personajes—, la pieza se convierte en un duelo actoral sublime.
Sin embargo, el alma de la obra
descansa en ellas: Vivian Casañas Cruz, como una imponente Sor Juana Inés de la
Cruz, y Rosabel del Valle, como la profesora contemporánea.
Mientras escuchaba el diálogo
entre estas dos mujeres separadas por siglos, pero unidas por el mismo yugo, no
pude evitar llorar. Sentí cada palabra en mi propio espíritu y en mi
trayectoria de vida. No es fácil ser una mujer con criterio propio; mucho menos
una que no teme ponerle nombre y palabra a la verdad. La censura y el rechazo
machista no son piezas de museo; son una resistencia viva que intentan frenar a
quienes eligen la sabiduría y las letras por encima de la sumisión.
"Hombres necios" es un
desafío. Es un recordatorio de que, aunque intenten borrar los límites de
nuestra voz, el pensamiento siempre encuentra su libertad.
Watermelon Pottery Studio
Al llegar, la primera sacudida
nos la dio “Watermelon Pottery Studio”, en la Sala 6. Fue nuestra
bienvenida al microteatro y, honestamente, no pudo ser mejor. Es puro teatro
experimental, donde la barrera entre el escenario y la realidad desaparece por
completo.
Aún no habíamos cruzado el
umbral de la puerta cuando el protagonista, un magistral Jorge Blanco, ya nos
había reclutado. Una vez adentro, el ambiente es vibrante: es un verdadero
taller de arte capitaneado por la maestra, interpretada por Kiara Santana,
quien además llevó las riendas de la dirección con pulso firme.
Lo maravilloso de esta pieza, escrita por Sonia Ilemar, es cómo Blanco y Santana derriban la frialdad inicial del público que acaba de entrar de la calle. Con un dominio envidiable de la improvisación, incorporan cada comentario, risa o reacción de la audiencia al libreto, como si todo estuviera ensayado. En cuestión de minutos, el público deja de ser espectador para convertirse en estudiante de arte. ¿Lo mejor? Terminamos todos con las manos en la masa, creando una pieza en barro. Fue una experiencia interactiva deliciosa y liberadora.
Azúcar blanca, negra sal
Nuestra última parada fue en la Sala 2 con “Azúcar blanca, negra sal”. Escrita y dirigida por Abi Villarreal, esta pieza nos regaló un dueto actoral extraordinario compuesto por Gabriela Guillén y Luis R. Santiago.
La obra es un retrato crudo y tierno de la clase media trabajadora. Nos sumerge en la intimidad de una pareja joven que intenta equilibrar la construcción de una familia con sus propias pasiones individuales. Es ese choque inevitable entre los retos del día a día y los anhelos —tanto carnales como emocionales— de quienes se aman en medio de la lucha por salir adelante.
Lograr que la audiencia transite por todo el arco de una relación en apenas 13 minutos es una proeza. Guillén y Santiago lo logran con una naturalidad pasmosa, recordándonos que el teatro, cuando es bueno, no necesita de grandes artificios para conmovernos: solo necesita verdad.
Lo que quedó pendiente y lo que está por venir
Nos quedamos con las ganas de ver “Monaxia” y “La Mosca” (Salas 3 y 4), que estuvieron suspendidas esa noche. Pero esa es, precisamente, la magia de Teatro en 15: la brevedad es tan intensa que el espectador siempre sale con hambre de más.
Cuatro días después, todavía
procesando el torbellino de emociones, decidí llamar a Pascual Febus, director
del Departamento de Arte y Cultura del Municipio de San Juan. Necesitaba darle
las gracias. Este proyecto, que nació en 2021, no es solo entretenimiento; es
un motor de empleo para actores, técnicos y diseñadores. Es un ecosistema donde
la boletería sostiene al talento y, a su vez, inyecta vida a los comercios y
restaurantes del Viejo San Juan. Es arte que genera economía.
Febus me comentaba que el
público es fiel; muchos regresan cada fin de semana para completar la cartelera
del mes. Y aunque el microteatro ha asomado la cabeza en Guaynabo y Caguas, el
modelo de San Juan tiene un potencial de expansión enorme.
El director me adelantó que ya
contemplan llevarlo a Río Piedras, pero yo voy más allá: esta iniciativa
debería replicarse en los cuatro puntos cardinales de la isla. Imaginen este
concepto trabajado en conjunto con el Municipio de San Juan, y el de Bayamón,
Loíza o Ponce. Sería, sin duda, un éxito rotundo.
Un 100 para la cultura
Como periodista, sé que mi
obligación es denunciar la dejadez y fiscalizar lo que está mal para que se
corrija. Sin embargo, el rigor también exige reconocer lo que se hace bien. Hacer
noticia de lo exitoso es un deber. En este proyecto, el alcalde Miguel Romero y
su equipo tienen un 100. Aplausos para ellos y para todo el personal que hace
esto posible.
Ojalá que Teatro en 15 no solo
perdure, sino que se extienda. Que se convierta en un virus positivo que
contagie a todo Puerto Rico. Las artes siempre unen al pueblo y siempre,
absolutamente siempre, son ganancia.
Mi veredicto es simple: El público debe abarrotar esas salas. Ha sido una de las mejores experiencias culturales que he tenido en mucho tiempo. Vayan, déjense sorprender por el talento local y vivan la intensidad de una buena historia contada a quemarropa. El teatro está más vivo que nunca en el Viejo San Juan.
TEATRO EN 15
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Fundador: El alcalde de San Juan, Miguel A. Romero Lugo.
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Concepto: Microteatro con seis salas que
presentan obras de 15 minutos.
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Inicio: 3 de septiembre de 2021.
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Administración: Pascual Febus es el
administrador y director del concepto.
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Ubicación: Casa
Cultural de San Juan (Calle San Sebastián #111, Viejo San Juan).


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