Periodista independiente en Puerto Rico

Friday, January 23, 2026

Los monjes budistas



Es conmovedor ver cómo, en un mundo que a veces parece desmoronarse bajo el peso del conflicto, surge un faro de serenidad caminando sobre el asfalto. He pasado estos últimos días siguiendo con el corazón en un hilo la marcha de estos monjes budistas a través de los Estados Unidos; verlos avanzar con esa calma imperturbable desde Texas hacia Washington es un bálsamo necesario en mi alma.
Mientras muchos se distraen con la anécdota del perro "Aloka", yo no puedo apartar la mirada de lo esencial: la poderosa fe en la humanidad que emana de cada uno de sus pasos. Es un recordatorio silencioso pero ensordecedor de que, pese a todo el ruido externo, los buenos somos más.
Resulta imposible no emocionarse ante este gesto de paz en tiempos tan convulsos y cargados de sombras. En un presente donde las noticias nos hablan de amenazas a Groenlandia y Venezuela, de la militarización de las costas de Puerto Rico, de retóricas de ocupación en Gaza y de una inestabilidad política que parece asfixiar a naciones enteras, estos monjes representan la resistencia del espíritu. No llevan armas, solo su presencia y un mensaje de unidad que atraviesa fronteras y corazones, demostrando que la compasión es el único lenguaje capaz de sanar las heridas que el ego y la guerra intentan perpetuar.
Verlos caminar es recuperar la esperanza de que un futuro distinto es posible, uno donde la empatía triunfe sobre la pólvora. En cada kilómetro recorrido por estos monjes, siento que llevan consigo los anhelos de millones que, como yo, estamos cansados del odio y las polémicas vacías. Su caminata es un acto de amor puro, una oración en movimiento que nos susurra al alma que la paz no es un sueño imposible, sino un camino que debemos construir juntos, paso a paso, con la convicción de que la bondad siempre tendrá la última palabra.
Hoy compartí un “post” con un vídeo de la marcha, y recibí un gran regalo de amor de una de mis seguidoras en la página de Facebook. La dra. Melizette Miranda, quien está en la ciudad de Liberty en Carolina del Norte, y vio a los monjes pasar. Me acaba de enviar estas fotos que les comparto, con el corazón en la mano y con lágrimas en mis ojos.

A veces, como hoy, cuando me siento que no tengo fuerzas, cuando los retos personales, familiares y este trabajo que me hace que me duela tanto las cosas malas que veo en mi país, Dios siempre me reenfoca. Me recuerda que los buenos, somos más, que la paz es posible y que el amor siempre prevalece. Gracias Meliezette porque me acabas de hacer y recomponer el día.

Sandra D. Rodríguez Cotto

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