Periodista independiente en Puerto Rico

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Sunday, October 20, 2019

Personal: A Javier Varela, Mayra Domenech y familia…

Javier y Mayra
Esperé dos días para poder procesar las emociones, pero quiero compartirles aquí lo agradecida que estoy de la vida por haber conocido y compartido con Javier Varela Rivera. Javi, como le decíamos, falleció súbitamente y nos dejó a todos sus amigos con un vacío indescriptible, pero con la tranquilidad de que no sufre más y que descansó. A Mayra, a sus hijos y familiares, va todo mi amor de siempre. Son gente bien, bien, pero bien especial. 

Tuesday, February 13, 2018

Grito de una madre



(NOTA: Escribir esta columna y publicarla al público fue duro. Fue difícil, porque partí de mi experiencia personal como mujer y como madre. Lo hice porque es así como veo la vida. Es mi punto de partida para observar el mundo. La columna fue publicada originalmente en NotiCel, el domingo, 11 de febrero de 2018 - http://www.noticel.com/opiniones/blogs/en-blanco-y-negro-con-sandra/grito-de-una-madre/699189217)


Hoy me levanté con las ganas de gritar. Esto es el grito de una madre soltera que se levanta todos los días a luchar y a salir adelante, como hacen miles de mujeres en cada rincón de este país.



Pensé bien en lo que somos las mujeres puertorriqueñas, pero no nos cuentan. Somos las que sacamos la cara por nuestros hijos. Las que cuidamos a los viejos y a los enfermos, a los encamados. A las que nos golpean con la realidad de más trabajo por menos salario. Abusadas, pero creamos, y sobre nuestros hombros se levanta todo un pueblo. Pero no existimos para los que determinan qué es lo importante, que es noticia o de qué se va a hablar en la opinión pública. En eso llevo más de una semana pensando.



El lunes en la noche, después de un largo día de trabajo que culminó en una intensa reunión con un grupo comunitario con el que colaboro como voluntaria, llegue a casa con mi hija.  Al rato, como a las 11, escucho a mi nena que empezó a convulsar sin parar hasta el otro día. Le di sus medicinas y me amanecí velándola, pero no quise ir al hospital porque arrancar de noche y muerta del cansancio al Centro Médico no era. Con tanto asalto que hay, eso es peligroso. Así que me quedé, y manejé la situación como siempre. Al otro día, y durante toda la semana, he estado con ella de médico en médico o visitando especialistas. En medio de las salas de espera en tantas oficinas que visitamos, trabajaba en mi computadora cuando a la intermitente señal de Internet le daba por aparecer. Cuando lo hacía, me ponía a escuchar, ver y a leer las noticias. Entonces pensé: ¡Qué dura es la vida de las madres solteras en este país! ¿Cuántas personas estarán pasando por esto como yo y por qué nadie lo dice? ¿Quién cuenta eso?



¿Sería yo sola?, pensé. Entonces me detuve a observar a los demás en mi entorno. Veía a madres atendiendo a sus enfermos, hijos o viejos. Veía médicos y a enfermeras con negras ojeras del agotamiento, hablándole a mujeres con caras aún más cansadas. Niños llorando, otros convaleciendo en camillas o en butacas, esperando su turno. Madres preocupadas con gente enferma o dolida. Gente en necesidad. Las escuchaba hablar de lo mismo: que si la cosa está mala, que el país es inseguro por la criminalidad, que no hay luz, que la crisis económica no para. Y pensé: ¿dónde están esas historias de las mujeres que levantamos este pueblo ante los demás? No están, y piensan que por eso no existen.



En discusión pública abruma la politiquería hueca y sinrazón. Que si la Primera Dama mandó una vela a los alcaldes sin electricidad y si el alcalde de Yabucoa se quejó, era por politiquero. Que si tiraron al medio al presidente de la Comisión Estatal de Elecciones sus mensajes antiéticos en WhatsApp con la que hasta ese momento se proyectaba como la pulcra Subsecretaria de la Gobernación, Itza García.  Que si Rivera Schatz entró en un “royal rumble” de lucha libre con el Gobernador, o que si el gobierno trae el  dudoso negocio con fondos públicos de las criptomonedas y bitcoins, pero ahora lo disfrazan con el discurso de “tecnología blockchain” y  usan a Rosselló como portavoz para darle validez.



Todo eso se entremezclaba con la realidad irrebatible de que el pueblo va por otro lado. A las madres y maestras lo que les preocupa es la epidemia de Influenza que no quieren admitir. A las dueñas de pequeños negocios les asfixia estar haciendo de tripas corazones para poder mantenerse operando sin luz. A todos nos aterran las espantosas imágenes de un carjacking a una familia en medio de una gasolinera, o la noticia de secuestros a plena luz del día en los quioscos de Luquillo. Es un total desfase.



La realidad que vivimos los individuos de a pie, especialmente las mujeres, no aparece en la narrativa pública ni en bocas de los políticos. En la opinión pública campean los macharranes que de lo único que hablan es de estatus todo el día pero la gente está en otra dimensión.