Tras el tiroteo que interrumpió la cena de corresponsales y forzó la evacuación de la cúpula estatal, una profunda crisis de credibilidad divide a la opinión pública entre la gravedad del ataque y las teorías de una puesta en escena para rescatar la popularidad presidencial.
Por Sandra D. Rodríguez Cotto
El meme lo dice todo: “My poll numbers are at 32%!, Send in the fake assassin! ¡Mis resultados en las encuestas son del 32%! ¡Que venga el falso asesino! Y la imagen que acompaña al texto pone al Dr. Evil, y su ayudante-amante Frau Farbissinain, ambos enemigos del personaje principal de la serie de filmes Austin Powers.
En esencia, así es como muchos han visto el atentado que hubo anoche contra el presidente de los Estados Unidos Donald Trump en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca.
La mañana siguiente a la gala deja un sabor
amargo y una fractura evidente en la narrativa pública que evidencia la era de
la posverdad en que vivimos. Mientras las crónicas iniciales de algunos
periodistas presentes describían una velada de inusual "tranquilidad"
y un Donald Trump "relajado" en su regreso al evento, las redes
sociales y sectores críticos han estallado en acusaciones de fake news, manipulación
mediática y montaje, tan pronto se suscitó el tiroteo.
Esta ola de escepticismo, alimentada por la baja popularidad del mandatario ante la guerra en Irán y la crisis económica, ha generado un choque frontal entre los medios tradicionales y una ciudadanía que sospecha de la veracidad del ataque. El contraste es absoluto: por un lado, una supuesta tregua profesional entre el gobierno y la prensa; por el otro, un público que señala inconsistencias fotográficas y conveniencias electorales que evocan incidentes pasados.
