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| Escuela de Comunicación Pública de la Universidad de Puerto Rico (Foto publicada en Primera Hora) |
La acreditación
y el futuro de la Escuela de Comunicación Pública (COPU) de la Universidad de
Puerto Rico se tambalea. Hace seis meses el huracán María destruyó el edificio
y ahora las clases están desperdigadas por todo el campus de Río Piedras,
denunciaron varios profesores en una rueda de prensa.
Lo que no admitieron fue
su grado de culpa en ese desbarajuste. El problema de COPU, en gran medida,
responde a su inmovilismo y obsolescencia. En ese sentido, el actual caos ellos
mismos se lo buscaron.
No es que los profesores de COPU quisieran ver el edificio destruido. El problema es que por sus acciones y omisiones de los últimos 20 años, permitieron que eso pasara.
Por años en COPU prevaleció el favoritismo y los grupos. Es lo que se
conoce como las “piñas”,
en las que algunos están más pendientes a sus intereses personales que al bien
colectivo. Por eso le daban puestos, permanencias y beneficios a los escogidos,
pero los profesores más jóvenes, los que no eran del grupo, los que venían de
la publicidad y de las relaciones públicas a nivel profesional, o los que no se
prestaban para para ese juego, tenían sólo tres alternativas: 1) Se quedaban durante
años dando clases y trabajando a tiempo parcial con la esperanza de algún día
conseguir permanencia como docentes; 2) se frustraban al ver que otros sin
experiencia conseguían permanencia como catedráticos, y; 3) se tenían que ir
hasta de la Universidad. En este último grupo hay decenas de profesores que
ahora triunfan en universidades privadas aquí, y fuera de Puerto Rico.
En el ínterin, COPU siguió limitando la diversidad de criterios, se fue
quedando atrás, y cada vez más obsoleta ante las realidades cambiantes en el
campo de la comunicación. Vamos a los
hechos.
