Periodista independiente en Puerto Rico

Sunday, October 25, 2026

¿Cubrir o no cubrir? Cuando un crimen se transmite en las redes

La cobertura de los asesinatos de Félix Plaud y Luis Quiñones, junto a los vídeos de William Noel Rivera, puso a prueba la ética y el rigor periodístico ante el morbo mediático y cibernético.

Félix Plaud,  William Noel Rivera, Luis Quiñones.

Publicado en Substack

Por Sandra D. Rodríguez Cotto

En los últimos cuatro días la prensa en Puerto Rico se enfrentó al dilema de cubrir una atroz noticia en desarrollo que tenía todos los elementos de un espectáculo morboso y amplificado porque los eventos iban ocurriendo, minuto a minuto, por las redes sociales. Los vídeos del fiador William Noel Rivera Sánchez narrando como el activista del Partido Nuevo Progresista Félix Plaud y el abogado Luis A. Quiñones González lo engañaron, le robaron y él los mato, para luego suicidarse, fueron atroces, fueron escándalo, especulación, pero también, eran y son noticia.

Se trató de unos hechos que ocurrían sobre la marcha, mientras que la prensa suele cubrir a diario las noticias de hechos criminales después de que pasan. Por lo general la prensa puertorriqueña que cubre noticias de incidencia criminal, da a conocer los informes de la Policía después que ocurren de los asesinatos. Este caso no fue así. Ocurrió casi a la vez que pasaban sucesos. Desde que desapareció Plaud, el tiroteo frente al tribunal de Ponce y los vídeos de Rivera Sánchez donde confesaba los hechos, hasta que luego apareció su cadáver, y las expresiones del superintendente de la Policía, Joseph González.

En ese sentido, se puso a prueba a la prensa puertorriqueña y todo el país porque se veía al mismo tiempo a los periodistas y medios serios, los que informaban sin amplificar o inventar, los que verificaban sin censurar, los que protegían a las familias de las víctimas sin ocultar lo que el país tiene derecho a saber, frente a los que especulaban, recordaban hechos anteriores, se burlaban o critican a los asesinados. Los que especulaban, mayormente lo hacían desde las redes sociales, algunos llamados “influencers” y personas en su carácter individual.

Siempre hay excepciones y quien exagera, pero la prensa verdadera fue esperando a que se corroboraran los hechos y a las versiones oficiales que eran más completas. No se puede negar que hubo gente que aprovechó para desplegar el odio hacia una de las personas más violentas y detestables en la política, Félix Plaud, quien tanto había agredido a los opositores, incluyendo a la misma prensa.

Lo que pasa es que todo cambió. Antes, quien cometía un crimen dependía de otros para que su versión llegara al público. Hoy basta un teléfono para que la gente ponga vídeos, haga memes, invente gráficas usando IA, o especule. Mucho de esto, también pasó y sigue pasando en los últimos cuatro días.

En términos generales, la prensa hizo bien su trabajo. Lo hizo con ética y seriedad respetando los procesos investigativos y las versiones oficiales de la Policía, que estaba investigando los hechos.  Pero no se puede negar que hubo morbo y especulación también, mayormente desde las redes sociales, sin elementos de corroboración oficial de los hechos.

Todos estos son temas que se tienen que hablar, se tienen que discutir porque nadie es perfecto ni esta exento de cometer errores. La prensa seria y ética tiene que cubrir y relatar los hechos tal y como acontecen, ir corroborando datos, sin especular, sin burlarse o reírse de las víctimas, por más deleznables que sean. Y todo eso se vio en este caso.

En el caso de las muertes de Félix Plaud y Luis A. Quiñones González, el principal sospechoso, William Noel Rivera Sánchez, difundió sus propios vídeos y se atribuyó los hechos antes de que las autoridades pudieran ofrecer una versión verificada. Eso cambia las reglas para el ejercicio del periodismo.

Félix Plaud,  William Noel Rivera, Luis Quiñones.

EL GRAN DILEMA: ES NOTICIA, PERO TAMBIÉN ES UN ARMA

Los vídeos de un perpetrador son, a la vez, información de enorme interés público y un instrumento de amplificación de su relato. Son noticia porque forman parte de los hechos y probablemente serán evidencia. Pero publicarlos sin filtro le entrega al agresor lo que buscaba: una audiencia, una narrativa sin contrapeso y la posibilidad de acusar a personas que ya no pueden defenderse.

Ese último punto es el más delicado. Las imputaciones que hizo Rivera Sánchez contra las víctimas, sobre deudas o engaños económicos, han sido corroboradas mediante algunas copias de demandas, pero todavía no se han confirmado ni por el superintendente González, ni por otras autoridades, ni por ningún tribunal ni por una auditoría independiente.  Es decir, se sabe que hay casos, pero no se ha presentado la totalidad del supuesto timo que hicieron el abogado Luis A. Quiñones González y el activista Félix Plaud. Sí se sabe que Plaud se comprometió a pagar $10,000 al mes, que no hizo, y que el abogado se acogió a una quiebra para no pagar, dejando pillado al ahora presunto asesino William Noel Rivera Sánchez.

En ese sentido, todavía hoy después de varios días de los crímenes, hay que esperar por más información para tener un cuadro veraz y completo de los hechos. Si la prensa, los “influencers” y la gente en las redes sociales las repiten como hechos, convierten la versión de un homicida confeso en verdad pública y manchan la memoria de dos personas sin prueba que lo sustente.

Por eso insisto en que es importante en momentos como este, hacer la diferencia entre el trabajo de un periodista, (aunque sea un periodista de medios digitales) y lo que la gente especula. No es lo mismo un periodista que espera y corrobora, aunque luego difunda la noticia por Facebook o YouTube, que cualquier individuo que comente por las redes su parecer.

TRES DAÑOS QUE LA COBERTURA PUEDE CAUSAR

El primero es la legitimación de un relato unilateral. Una acusación hecha frente a una cámara sigue siendo una acusación. Antes de publicarla, hay que buscar documentos judiciales, querellas o registros que la respalden de forma independiente. Si no existen, lo honesto es decir que se trata de una alegación no verificada y explicar por qué.

El segundo es el daño a las familias. Cada vez que un vídeo violento circula, quienes perdieron a un ser querido lo reviven. La persona queda reducida a la escena de su muerte. La dignidad de las víctimas no es un lujo editorial; es parte de la ética del oficio de la prensa seria.

El tercero es el riesgo asociado al suicidio. Existe evidencia, conocida como efecto Werther, de que la cobertura detallada de una muerte por suicidio puede influir en personas vulnerables. Por eso las guías de la Organización Mundial de la Salud recomiendan no describir métodos, no presentar el acto como solución a un conflicto ni publicar mensajes de despedida. En este caso, difundir sin cuidado las últimas palabras de un hombre que anunció su propio final es exactamente lo que esas guías piden evitar.

QUÉ PREGUNTAS DEBE HACERSE UN PERIODISTA O UNA REDACCIÓN

No hace falta una regla distinta para cada caso. Bastan tres preguntas, en orden.

¿Aporta el vídeo un dato factual nuevo que no pueda comunicarse de otra manera? Si no aporta nada, no se publica. ¿Muestra violencia explícita o vulnera la dignidad de alguien? Si es así, se extrae el dato relevante y se prescinde de la imagen. ¿Está corroborado lo que se afirma? Si no lo está, se presenta como lo que es: una alegación sin verificar.

En la práctica, esto suele significar describir lo sustancial en texto o en audio editado, no reproducir el archivo íntegro, y contrastar todo con documentos, autoridades y testimonios independientes. Cuando la cobertura toca el suicidio o la violencia extrema, debe incluir también recursos de ayuda, como la Línea PAS de ASSMCA o la línea 988.

LA DIFERENCIA ENTRE LA RED Y LA REDACCIÓN

Las redes premian la velocidad, el clic y la reacción. Una redacción responsable debería premiar el contexto, la verificación y el respeto por las personas. No son mundos opuestos, pero sí responden a incentivos distintos. Lo que circula en una cuenta anónima en minutos le exige a un medio preguntas que toman horas: qué está comprobado, qué no, quién lo dice y con qué evidencia.

También hay una trampa contraria que conviene reconocer. Callar no es la solución. Un país tiene derecho a saber qué ocurrió, y si los medios formales se retiran del tema, la conversación queda en manos de quienes no verifican nada. La respuesta no es la censura, sino la edición: decidir con criterio qué se muestra, qué se resume y qué se deja fuera.

El verdadero reto no es quién publica primero el enlace, sino quién logra pausar la inercia del morbo y hacer las preguntas pendientes: qué dicen las autopsias y los análisis balísticos, qué documentos respaldan o desmienten la disputa económica, si hubo señales previas y cómo las atendieron las instituciones.


¿Y QUÉ FALTA AHORA?

Algunos de los medios digitales han publicado noticias sobre las vidas de cada uno de los involucrados en estos crímenes, pero faltan ahora muchos temas que merecen seguimiento ampliado.

El silencio institucional del PNP sobre Plaud, quien fue uno de los más grandes ejecutores de las tácticas políticas y represión contra opositores, tiene que ser ahora evaluado. Recordemos que no solo tenía contratos con el gobierno, sino que fue parte de los que manejaban campañas de descrédito en las redes sociales y fomentaban agresiones durante protestas. Plaud fue parte del caso del convicto exproductor Sixto George y el gobierno hasta le vendió escuelas cerradas a $1. Ahora hay que empezar a desmenuzar cómo tuvo tanto poder, quién lo ayudó y quién lo protegió. Los nombres de esos que ahora guardan silencio en el PNP, deben salir.

Asimismo, hay que empezar a ver qué pasó con el abogado Luis A. Quiñones González. ¿Qué otros casos tuvo? ¿Engañó a otra gente? ¿Fueron los tribunales rápidos en actuar para detener al abogado ante las denuncias del ahora asesino confeso William Noel Rivera Sánchez?

Igualmente, resta por ver si William Noel Rivera Sánchez no es el único que dice haber sido timado. ¿Hubo otra gente vinculada al gobierno o a la política? ¿Otros fiadores? ¿De dónde obtuvo el dinero que dijo que le dio a Quinones y a Plaud? ¿Qué hacen el Poder Judicial y Justicia en estos casos?

Tres muertes pueden conmocionar a un país en horas. Cubrirlas bien exige mucho más que un video: exige criterio, paciencia y la humildad de reconocer lo que todavía no sabemos.

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