En la industria de la pantalla chica, cada día
se achica más esa pantalla. Literalmente. El consumidor se entretiene ahora en
una multiplicidad de dispositivos en formatos más pequeños que van mucho más
lejos que un televisor. Se mueven hacia sus celulares, Ipads o tabletas, o a sus
computadoras y consolas de juego entre otros, para entretenerse con
programación según su preferencia. Y mientras todo eso sucede, la industria de
la televisión en Puerto Rico parece que se está quedando atrás.
Los canales locales compiten no sólo contra los
de la televisión pagada o por satélite, sino con la programación que viene de
Netflix, Hulu y otros servicios de streaming
y buscan a la carta programas en español en Televisión Española, Antena 3, ven
juegos de pelota cubanos en CubaVisión, o se ríen de las ocurrencias de Los dueños del Circo en la cadena
dominicana Telemicro Internacional.
Pero ante toda esa competencia por contenidos
de televisoras y producciones de todo el mundo, la televisión local persiste en
mantener los mismos contenidos reciclados. Todo esto, unido a una baja
dramática en los presupuestos de publicidad y a cambios en los reglamentos de
la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, en inglés), ponen en jaque la
estabilidad y el futuro de la industria.
Y esto es algo que se debería estar analizando precisamente en esta
Semana de la Televisión Puertorriqueña.


