(NOTA: Esta columna fue publicada el domingo, 27 de febrero de 2022 en Ey Boricua - https://eyboricua.com/opinion/elementor-37340/)
Lo que pasa en Ucrania, como lo que pasa en Puerto Rico, no es algo tan en blanco y negro. No es un caso de buenos versus malos. No hay santos ni pecadores. Como pasa con todo en la vida, hay muchos matices de gris entremedio de las cosas. Igual hay asesinos sanguinarios en Rusia dispuestos a invadir y matar para quedarse con el control de otras tierras como los hay en los Estados Unidos.
La única diferencia es el packaging, es cómo se mercadea el empaque, para hacerlos lucir menos malos. En eso, Estados Unidos tiene la delantera. Al menos, entre ellos mismos se lo creen.
La muerte es la consecuencia más atroz de cualquier guerra, y el control, la ambición y las ínfulas de superioridad son capaces de cegar a cualquiera. De ejemplos así está llena la historia, y en gran medida, es un poco lo que se ve a leguas en el comportamiento guerrerista de Vladimir Putin.