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| Brock Pierce, uno de los portavoces de Puerto Rico ante el mundo sobre las criptomonedas. (Foto NYT) |
Personajes imputados por comisión de delitos y que han transado demandas por escandalosos casos que incluyen pedofilia, evasión contributiva, fraude, y mantener empresas fuera de la ley, son algunos de los principales promotores de las monedas virtuales en Puerto Rico, pero esto es un tema que ni los otros proponentes ni el gobierno aclaran. Mucho menos lo explican.
Brock Pierce, cuya imagen encabezó el primer artículo
que publicó The
New York Times hace 14 días es la cara principal de este negocio y ha sido
imputado en casos de pedofilia; Halsey Minor, catalogado como el evasor contributivo
#1 en California, y Rodolfo Sessman,
que anunció la primera criptomoneda
boricua, son tres de esos principales portavoces del negocio de monedas
virtuales que se han mudado a Puerto Rico atraídos por el desarrollo de la
criptoeconomía y las leyes 20-22. Pero no son los únicos. Hay más.
El gran reto que enfrenta la administración de
Ricardo Rosselló es lograr distanciarse de aquellos proponentes que siguen
levantando sospechas sobre lo que podría ser un negocio importante para la
economía local. La base es la tecnología “blockchain” que se usa para vender, mercadear e
intercambiar las múltiples monedas virtuales. La tecnología no tiene problemas,
pero sí hay dudas sobre cómo se implementa el negocio, cuántos empleos creará,
cuánto dinero dejará aquí y cómo evitarán fraudes.
Es un hecho que los empresarios de las monedas
virtuales ven a Puerto Rico como tabla de salvación para su desarrollo, que el
gobierno las promueve, que hasta una Kokicoin
viene en agosto y que además de adquirir propiedades y terrenos locales [como
el Museo del Niño en el Viejo San Juan o la base Roosevelt Roads en Ceiba], en
sus planes está crear hasta el primer criptobanco
en Puerto Rico. Pero estos primeros tres empresarios que son la cara de la
industria ante el mundo han dado entrevistas a algunos medios locales en estos
días, pero no dicen nada de sus trasfondos. La prensa local tampoco les
pregunta.
