Periodista independiente en Puerto Rico

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Sunday, June 16, 2019

Madison Anderson: ¿Yanqui o puertorriqueña? (relato periodístico y elucubraciones nocturnas)

Madison Anderson fue electa Miss Puerto Rico Universe (Foto NotiCel)

Madison Anderson, ¿es gringa o es puertorriqueña?, se preguntan muchos desde que el jueves salió electa la nueva “Señorita Puerto Rico”, si se dice en español correcto, pero para todos aquí es en spanglish, Miss Puerto Rico Universe. O sea, hasta el nombre revela la dualidad de nuestra existencia.

Desde que esa muchacha que no vive ni se ha criado en Puerto Rico fue escogida como reina de belleza, esa ha sido la pregunta. Que si no nos representa, que si no es de aquí, que si es gringa, que si no sabe hablar español. Que si es tan boricua como JLo o Marc Anthony o Mónica Puig y ninguno de los tres viven ni se criaron aquí. Que si en la diáspora hay cinco millones de boricuas y acá, a duras penas tres. Que se es boricua hasta en la Luna y como ella dijo: “ser puertorriqueña se lleva en la sangre y en el corazón”.

Este ha sido el tema más importante en toda conversación en estos días, incluso más que la deuda, la violencia, y que hasta el día de los padres.  Los medios de comunicación, como era de esperarse para atraer audiencias y también reflejar lo que éstas dicen, le han hecho el juego publicando montones de artículos y reportajes. Una búsqueda simple en Google refleja que hay más de 1.7 millones de entradas desde que ganó el certamen de belleza la “boricua de Florida”.

La mayoría de los puertorriqueños que desconocen nuestra historia, deberían saber que esta elección trae de nuevo la eterna pregunta de la suprema definición que una vez planteó el prócer nacionalista Pedro Albizu Campos de si somos “¿yanquis o puertorriqueños?”. ¿Es ella gringa o es boricua? ¿Es boricua porque es Miss Puerto Rico o no lo es porque nunca ha vivido aquí? La elección de esta reina nos debe poner a pensar en aquello que decía Albizu. “¿Qué define el ser un puertorriqueño?”.

Monday, November 23, 2015

Los arrodillados




(Columna publicada en NotiCel el 10-28-15 http://www.noticel.com/blog/182526/los-arrodillados.html )


Una cosa es estar de rodillas, y otra, ser un entregado. O en buen puertorriqueño, ser un “arrodillau”. Esa es la imagen que nos dieron en su desfile por Washington nuestros políticos del patio. El mensaje no verbal que comunicaron los líderes que nos gobiernan es que están de rodillas por la crisis económica, pero como son entregados al poder, aguantan lo que sea. Prefieren ser arrodillados a ser firmes, porque no tienen la espina dorsal, la valentía, y a veces, ni la inteligencia para defenderse.

Jamás lo dirán de frente y no lo aceptarán, pero todas sus acciones transmiten el mismo mensaje: que van de rodillas, casi “esñagotaos”, a pedirle limosnas al amo americano. Se hincan ante los dueños del país, y hablan con cuidado de que no se ofendan, como el esclavo, temeroso de que venga un latigazo. En vez de ir de frente a exigir derechos, van con un velo de miedo. Ese temor de no ofender al americano, al que manda, para que no nos regañe o nos quite dineritos, o lo que es peor, nos deje a la deriva.  Lo que no se dan cuenta ni aceptan es que a la deriva vamos hace décadas.

Esos políticos comunican con sus actos y gestos que tienen el síndrome de Estocolmo, esa pérdida total de su control por ser víctimas de un secuestro que no se asimila en los niveles más profundos del subconsciente. Para hacerlo más soportable, la víctima se adapta convenciéndose que su cautiverio tiene algún sentido. Por eso no sólo se identifica con su agresor sino que hasta se convierte en su cómplice. En su compinche. Esa fue el mensaje directo que comunicaron el Gobernador Alejandro García Padilla y el Comisionado Residente Pedro Pierluisi la semana pasada ante el Comité de Energía y Recursos Naturales del Senado federal, que examina la crisis fiscal de Puerto Rico.

Fueron con miedo, suplicando, a pedir auxilio para salvar a Puerto Rico de la presente crisis. Uno con el Plan de Emergencia Fiscal y el otro con la quiebra. Y los amos, desde su poder, condicionan la ayuda en una asquerosa demostración de que seguimos siendo cada día más colonia que nunca antes.

“Ningún hombre respeta al que se humilla en su presencia”, dijo una vez Pedro Albizu Campos, y esa frase lapidaria retumbó en mi conciencia cada vez que escuchaba a Pierluisi y a García Padilla hablar.