Siempre estaba callado, observando todo, pero nunca faltaba una sonrisa en sus labios. Pensativo, pausado, analítico, y siempre afable. Siempre estaba listo para ayudar, ofreciendo el contexto histórico que se necesitaba, revisando la redacción o simplemente, escuchando a una. Así era Julio Ghigliotty.
Hoy me levanté con el dolor de saber que ese amigo se había marchado para siempre. Pero me queda la certeza de que él siempre tenía la razón en lo que me decía.
Al veterano periodista que para muchos será sólo un nombre, yo lo recuerdo como el amigo y compañero de labores, uno de los que tanto aprendí en mi carrera y con quien estuve mano a mano en varias luchas por el país, algunas públicas y otras que no vale la pena mencionar.