Lo que acaba de ocurrir en Alemania debería preocuparnos —o por lo menos obligarnos a mirar con mucha más atención— lo que está pasando en Puerto Rico.
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| Imagen creada con IA |
Lo que acaba de ocurrir en Alemania debería
preocuparnos —o por lo menos obligarnos a mirar de cerca— lo que está pasando
en Puerto Rico.
La ultraderecha acaba de conseguir una victoria
histórica en Sajonia-Anhalt ayer domingo. El Partido Alternativa para Alemania,
(AfD), obtuvo alrededor del 44% de los votos en las elecciones estatales.
Aunque no ganaron las elecciones nacionales alemanas, sí lograron algo simbólico:
convertirse en la fuerza principal en un estado alemán y demostrar que la
extrema derecha ya no está al margen del sistema político europeo. Está en el
centro de la conversación y tocando las puertas del poder.
Y ahí está la primera lección para nosotros: las
grandes revoluciones políticas no empiezan necesariamente cuando un partido
llega al poder. Comienzan cuando sus ideas dejan de parecer marginales y
empiezan a verse como el sentido común. Eso es lo que deberíamos estar
observando.
Porque Alemania no está sola. La derecha ha ganado
terreno en América Latina, en Europa y, sobre todo, en Estados Unidos.
Argentina, Ecuador, Chile, Bolivia, Costa Rica, Colombia y Perú forman parte de
un mapa político que se ha ido desplazando hacia posiciones conservadoras,
nacionalistas o abiertamente populistas. No son todos iguales, pero comparten
un lenguaje que está recorriendo el mundo: seguridad, orden, nacionalismo,
rechazo a las élites políticas, menos regulación, más mercado, más autoridad, menos
confianza en las instituciones tradicionales.
Y Puerto Rico está dentro de esa corriente. No podemos
fingir que somos espectadores.